Por fin empiezan mis vacaciones. Tengo por delante tres semanas estupendas para hacer lo que más me gusta: piscina, playa y paseos mirando escaparates.

Este año mi chico y yo vamos a estar bastante tranquilos. nos iremos una semana a pasar calor en Andalucía y después nos quedaremos ambos en Barcelona, disfrutando de esta ciudad que cada vez le da menos la espalda al mar.

Espero que todos tengáis unas vacaciones estupendas! espero volver pronto con nuevas historias! Y espero que todas buenas! 🙂

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Seamos sinceros: la moda no cambia radicalmente de un año para otro, y de lo que nos compramos el año anterior podemos seguir tirando durante un buen tiempo más. Sobretodo si son básicos de fondo de armario.

Es por eso que, en estos tiempo de crisis, es un gustazo poder comprarte prendas básicas de buena calidad, de marca y además a muy buen precio. ¿Cómo? Gracias a los Outlets.

De unos años a esta parte están proliferando tanto en las grandes capitales de provincia como fuera centros comerciales dedicados única y exclusivamente a tiendas de Outlet. Por lo general, en estas tiendas encontraremos ropa de colecciones antiguas (normalmente del año anterior) de temporada: es decir, lo que encuentres ahora es lo que, el año pasado en verano no se vendió. Sobretodo hay que tener en cuenta la diferencia entre un Outlet y una tienda de taras: En el primero encontrarás prendas rebajadas en buen estado que no se han vendido, y en el segundo, en las taras, puede ser ropa de esta misma temporada pero que al salir de fábrica o bien al llegar a tienda se han visto que tenían un descosido, un agujerito, etc.

En Barcelona y Madrid tenemos unos Outlets del grupo Chic Outlet Shopping, una red de Outlets o Villages, como ellos dicen, que tienen establecimientos en toda España . El de Madrid no lo conozco (todavía.. jeje) pero en el de Barcelona, La Roca Village, puedes encontrar marcas desde Diesel hasta Versace, pasando por Bimba y Lola, Caramelo… Además de otros establecimientos de Outlet de cuidado personal e incluso ropa y artilugios para la casa.

Y si a ti lo que te gusta es comprar desde casa, Internet nos lo pone cada vez más fácil. Una gran cantidad de páginas con primeras marcas, tanto de ropa como de todo lo que te puedas imaginar, con un descuento desde el 50% al 70%. Solo os digo que en una página de Outlet por Internet he llegado a ver campañas de ventas de coches e incluso… ¡de pisos! Debo confesar que soy una auténtica adicta a este tipo de páginas, que me meto cada día a primerísima hora solo por mirar y más a menudo de lo que debería acabo “picando” algo. Este tipo de páginas sirven además para conocer marcas de las que no has oído hablar e incluso poder comprar productos de tiendas que no hay en tu ciudad. Las páginas a las que yo suelo acudir son Vente Privee o Privalia, y debo decir que no he tenido ningún problema. Cuando he necesitado devolver algo el único gasto ha sido el gasto de envío (para devolverlo) y en breve he tenido de nuevo el dinero de la compra ingresado en mi cuenta. La lástima es que no puedes cambiarlo por otra prenda, pero seguro que te devuelven el dinero si no te gusta, no es lo que imaginabas o simplemente porque no te queda como esperas. Si alguien quiere que le envíe alguna invitación para alguna de estas marcas, que no dude en pedírmelo en un comentario. Cuanta más gente apadrines te dan vales de descuento en el momento que tus apadrinados compren! jeje Pero no os preocupéis que ingresando en dichas páginas os podéis dar de alta vosotros mismos, y luego os recomiendo que apadrinéis para que os lleguen esos cheques de descuento, que van muy bien.

En fin, espero que estos consejos os ayuden a ir al día sin tener que hipotecarse para renovar el vestuario!

Después de hablarlo conmigo, Johan se fue directo a su casa para hablar con su mujer. Me pasé tres días sin saber nada de él, puesto que era fin de semana y no podía hacer más que esperar junto al teléfono hasta que me llamara para decirme cómo había ido. Mi hermano es como yo para estas cosas, cuando tiene algo entre manos no le gusta que le agobien.

Aquí tengo que hacer un break y decir que no aguanto a mi ex-cuñada. La verdad es que es raro porque, como la gente que me conoce bien sabe, difícilmente me cae mal una persona. Pero es que ella es epecial, en el peor sentido de la palabra. Es egocéntrica, soberbia, egoísta, mentirosa y fantasiosa… En fin, lo tiene todo para que una persona me caiga mal. Nunca he podido entender qué era lo que le veía mi hermano, pero siempre es algo que me he callado hasta hace unos pocos meses, que me he podido sincerar con él. Y Johan, con una sonrisa de disculpa (supongo que por respeto a su ex) me ha dado la razón en cada punto que le he expuesto.

¿Por qué? Pues porque la muy zorra desde el primer día ha intentado hacerle la vida imposible a mi hermano. Primero pretendía que le pagara una pensión compensatoria, cuando ella está en nómina en la empresa de su padre cobrando un pastón -prácticamente lo mismo que mi hermano, que se deja los cuernos- por no hacer nada. ¿Así que compensación de qué? Cuando vio que por ahí no podía sacar dinero, y cuando pensábamos que el tema de la niña estaba desde el principio zangazo, la muy guarra amenazó con pedir la custodia completa de la cría. Ahí mi hermano, que más o menos iba con buena cara y pretendía ceder más o menos en todo lo que hiciera falta para poder desvincularse de ella, sacó las garras. Y es que no hace falta conocer mucho a mi hermano como para saber que su niña es lo que más quiere en este mundo. Después de unos cuantos encuentros con los abogados, y sabiendo que ella iba a perder, quedaron en hacer la custodia compartida, y que la niña pasara una semana en casa de cada uno, se partiría las vacaciones, etc. Los gastos de la criatura a medias… En fin, exactamente no sé muy bien cómo ha quedado el acuerdo porque no tengo ni idea de estas cosas y ya hace bastante de ello, pero dentro de lo que cabe mi hermano estaba muy contento.

El gran problema fue  cuando tuvo que decirlo en casa. La siguiente cena que se hizo en casa de mi madre después de aquello fue el momento que eligió mi hermano para soltar la bomba. Me dijo que de esa manera, al estar yo que siempre desvío los odios de mi madre, la bronca no sería tan jodida. Será cabrón el tío, cómo se aprovecha de su hermana.

Nos presentamos juntos Pablo, Johan y yo en casa, puesto que Johan se había instalado dos días antes mientras buscaba un piso donde seguir su vida. Mi madre se sorprendió al vernos llegar a los tres sin la harpía de mi cuñada y sin la niña, pero después no hizo mucho caso porque a veces mi cuñada cogía a la niña y se iba a comprar a París o a Milán y todos nos quedábamos sin “disfrutar” de su presencia. Hasta ahí todo correcto. Nos sentamos en la mesa con Johan entre Pablo y yo (necesitaba apoyo para enfrentarse contra el Balrog que es mi madre) y cuando menos nos lo esperabamos (creo que estaban sirviendo el segundo plato) mi hermano lo soltó ahí en medio.

Todos se quedaron con la boca abierta, pero la primera en reaccionar, como siempre, fue mi madre diciendo algo así como:

– ¿Que te vas a separar? Di lo que quieras pero no te lo voy a consentir.

Yo le habría puesto un par de tacos para darle más énfasis, pero sí que es cierto que mi madre es muy fina hablando. Ahí empezó la discusión: madre e hijo lanzándose estocadas verbales, ella diciendo que sería una deshonra para la familia y mi hermano, ya preparado para eso, contestándole que mayor deshonra sería seguir con esa mujer que no le hacía feliz. Ya os podéis imaginar que mi madre ha tenido hijos simplemente porque tocaba tenerlos, y no porque realmente los quisiera (sin contar a mi hermana pequeña, a la que mima y adora y de la que Johan y yo tenemos, o teníamos, unos celos viscerales). Mi padre estaba viendo el espectáculo sin poder creer que su mujer pensara más en el qué dirán que en lo que poco antes le había confesado su hijo: que era infeliz. Mi hermana estaba disfrutando con el espectáculo, su novio (con el que todavía dura! Desde finales de Agosto!) abochornado perdido y Pablo y yo apoyando a mi hermano con réplicas cuando podíamos o simplemente a través del contacto.

Finalmente, mi madre, al ver que estaba sola en la lucha, declaró que no tenía más hambre y que se iba. Cogió su paquete de tabaco y su móvil de última generación (que siempre están a su lado sobre la mesa cuando cenamos) y se fue al piso de arriba a su habitación. Mi hermana se excusó y fue detrás de ella.

A los demás también se nos quitó el apetito, así que nos fuimos al salón para seguir hablando. Papá abrazó a Johan durante un buen rato, yo serví unas copas y nos quedamos todos charlando, incluido el novio de mi hermana. La verdad es que estaba cortado, pero de todos los que ha tenido parece, sin duda alguna, el más majo.

Esa noche no volvimos a ver ni a mi madre ni a mi hermana, y nos fuimos los tres para casa. No sé a qué hora nos acostamos pero al final acabamos la velada partiéndonos recordando la vena que se le hincha a mi madre en el cuello, por debajo de la cadena con la cruz que lleva siempre. Se pone muy Patiño, la tía.

Durante un mes más o menos Johan y yo no fuimos ningún jueves a cenar a casa de mis padres porque mi madre aun no se había recuperado del susto. Yo podría haber ido, pero entre que me quería quedar con mi hermano y que además yo le había apoyado abiertamente la última vez que nos vimos, no quería arriesgarme a encontrarme con una guerra abierta sobre la mesa. Más adelante ya consintió que nos viéramos (mierda…), así que, por mi padre sobretodo, volvimos a acudir a las cenas. Por cierto, mi madre no le ha pedido perdón a mi hermano, aunque ya acepta que se separen.

También más o menos por esa época Johan encontró un piso precioso, amplio, con tres habitaciones, un estudio, salón-comedor, cocina y terraza grande. Un lujo. Entre los tres (cris, Johan y yo) decoramos el piso, y en lo que más empeño pusimos fue en la habitación de la niña. Mi sobrina, que hace poco me confesó que, aunque le daba pena que sus padres estuvieran separados, sabía que así su padre era más feliz, aunque ambos se echaban de menos. Ahora ya tiene seis añitos (casi siete, que los hace en Agosto) y está muy centrada para su edad. Además de ser guapísima. Y no es amor de tía, eh? Es que está para comérsela.

Total, que poco a poco estamos volviendo a la normalidad. El tiempo que compartí piso con mi hermano, aunque no teníamos mucha intimidad nos lo pasamos de lujo: Cada día viendo pelis, comiendo palomitas cada dos por tres y mimándonos mucho. Me recordaba a cuando éramos pequeños que siempre estábamos uno encima del otro. Ahora que tiene su pedazo de piso soy yo la que de vez en cuando, sobretodo cuando no está la cría, me paso por ahí a ver una peli y a quedarme a dormir. De hecho esta noche es muy probable que me pase por ahí con un poco de comida preparada, y cuanto más guarra, mejor.

Una de las cosas que más me gusta en este mundo es viajar. Descubres nuevas ciudades, visitas museos excepcionales y te empapas de la cultura de la gente que te rodea. Porque no sirve de nada viajar si no abres tu mente y dejas que todo lo que ves se te meta dentro.

Hoy he escogido el look perfecto que llevaría en el caso de que fuera muy afortunada y me fuera de vacaciones a Nueva York. Además, ahora que el Euro ha vuelto a bajar, comprar en esa ciudad ha dejado de ser un lujo, y una marca tan de moda como Abercrombie & Fitch, con productos de buena calidad, nos sale a precio de Zara.  Además he de reconocer que soy una fanática de esta marca y que siempre que sé de alguien que va a esa ciudad (o a cualquier lugar de Estados Unidos donde haya tienda) siempre acabo dándole una lista con referencias, colores y tallas, además de un sobre con dinero, por supuesto.

New York con Abercrombie & FItch

New York con Abercrombie & FItch

En este Set he utilizado única y exclusivamente prendas de Abercrombie excepto la pulsera, que es lo único que me he permitido coger de otra marca. Por lo demás, todo lo podéis encontrar en su web. He escogido el Short como base del modelo ya que NY es una ciudad muy calurosa, y hay que estar desde primera hora caminando por sus calles de interminables rascacielos para disfrutarla de verdad, así que es más cómodo un pantalón que una falda. Además de que, esta temporada (y como en anteriores) los Shorts son los Must Have del verano.

Todo lo demás (colores, camiseta, etc) está construido alrededor del Short. He escogido el marrón chocolate porque es un color que considero que queda bien a prácticamente todo el mundo, además de ser uno de mis colores favoritos.

Desde luego, si tenéis la oportunidad de ir a NY este verano, espero que os acordéis mucho de mí y que compréis mucho en A&F a mi salud.

Este fin de semana, en plena ola de calor, Pablo y yo nos hemos bajado a Andalucía, a casa de su madre.
Ayer a las 22.30h estábamos a 39*C. Yo no estoy hecha para estas temperaturas y por eso me he despertado tan pronto. Por eso y porque estoy compartiendo habitación con la hermana pequeña de Pablo… Ya os cpntaré.

He decidido ir poniéndome al día a saco, yendo tema por tema, aunque puede ser muy cansino sobretodo si a alguien se le ocurre leer estos post. Así que bueno, intentaré explicarlo todo sin irme por las ramas, algo que en mí no es demasiado raro.

Como creo que he explicado alguna vez, mi hermano es la única persona en mi familia que me comprende. Siempre hemos llegado a tener una complicidad especial. Siempre me ha querido muchísimo y, lo más importante, siempre me lo ha demostrado. Hemos tenido una relación sana en todos los aspectos, siendo tanto hermanos como amigos.

Hace ya un tiempo (cuando empecé a escribir en este blog) que me parecía que estaba más callado de lo habitual. No sé cómo describirlo, pero notaba que algo no iba bien en Johan. Hemos seguido yendo juntos con Cris (mi preciosa y morenita sobrina) a la playa, al cine, de compras (cómo no) y a todas partes, pero las cosas han cambiado mucho, sobretodo después de Noviembre del año pasado.

Un día me vino a buscar al trabajo con una cara de puerro (o sea, estirada, con las comisuras de la boca tirando para abajo y blanco como el papel) que me dejó un poco sorprendido. Me pidió si podíamos ir a mi casa a tomar unas copas, a lo que le dije que sin problema. Realmente estaba muy asustada.

Llegamos a mi casa, le indiqué que se sentara en el sofá, le serví un mojito (se me dan muy bien los cocktails) y yo me preparé otro. Me cogí un puff y me puse a su lado, cogiéndole de la mano. Llamadme algo, pero en mi fuero interno sabía que me iba a contar algo.

Por primera vez en mucho tiempo le noté tembloroso, con los ojos acuosos. Se bebió el mojito casi de un trago, supongo que para reunir todo el valor que le hacía falta y me dijo algo así como: Voy a dejar a mi mujer.

En ese momento no supe reaccionar, lo único que hice fue sentarme junto a él y abrazarle fuerte. Después me vinieron sentimientos encontrados: por un lado tristeza porque estaba viendo cómo sufría y, sobretodo, porque me daba pánico pensar en lo que iba a pasar con mi sobrina; por otro me alegraba porque eso significaba que mi cuñada dejaría de chupar del bote que suponía estar casada con mi hermano. Total, ella también era de buena familia, sus padres tenían pasta y, aunque es una maldita trepa, pensaba que no iría a sangrar a mi hermano.

Seguimos abrazados durante un rato hasta que por fin Johan se serenó y me contó todo lo que hacía años me quería haber contado: Que nunca había estado totalmente enamorado de su mujer, que la quería y le tenía muchísimo cariño, pero que realmente se habían casado porque eso era lo que tocaba. Al parecer no había sido el único que había hecho esto, puesto que un par de amigos suyos se hayaban en la misma situación. Por un lado porque es lo que toca, y por otro por la presión de la familia. Después de tantos años, ¿cómo no se iban a casar? mis padres pretendían que fuera el evento social del año, y en parte lo fue. Imaginaos la presión que tenía el pobrecito.

Le dije que me alegraba muchísimo de que hubiera tomado esa decisión, que era muy joven como para pasarlo mal, que tenía una niña preciosa a la que cuidaríamos, si hacía falta, entre los dos! Pero que lo primero era que él fuera feliz, y que si en los últimos tiempos se había sentido súper desdichado era totalmente injusto para él.

Seguimos abrazándonos, bebiendo y hablando un buen rato. Yo acabé con una taja monumental mientras que mi hermano se le veía aliviado pero ni mucho menos borracho. Le pregunté cuándo iba a decírselo a su mujer y me dijo que esa misma noche, aprovechando que la pequeña estaba en casa de una amiga durmiendo. Me pareció perfecto, porque es mejor que lo hablaran los mayores y luego se lo trasnmitieran, juntos, a Cris.

Y entonces, llevada por la cantidad de alcohol que tenía en sangre, estómago y encima (cuando bebo no afino mucho con la bebida mientras la llevo de la mesa a la boca), le pedí que se viniera a vivir conmigo. Y así hizo.

Cuando empecé el blog, con la mayor ilusión del mundo, pensé que me iba a durar mucho pero no fue así. Me volví de vacaciones y empezó un verano realmente caótico, que dio paso a un año casi peor.
Lo dejé con mi pareja, volví con él, mi jefa cambió 3 veces de peinado (a cual más estrambótico), antes de la súper crisis hicimos obras en la tienda y aun las estamos pagando, unas amigas de toda la vida dejaron de hablarme porque sí, luego se reconciliaron porque sí, mi hermano… Bueno, lo de mi hermano ha sido un caso a parte.
En fin, mil cosas, que espero ir contándo poco a poco.
Y antes qu enada, mis disculpas por haber pedido que me preguntarais cosas y no responder a nada. La verdad es que no tengo perdón. De verdad que lo siento mucho. Habrá cosas, evidentemente, que se habrán pasado de plazo, pero intentaré ir respondiendo poco a poco a todo lo que me habéis preguntado. Recordad que no tengo la verdad absoluta y que me muevo según lo que sé y lo que me gusta, sabiendo más o menos lo que hay en las tiendas y lo que os puedo aconsejar según me decís. Puedo equivocarme, y espero que si lo hago me lo digáis.
De nuevo, muchas gracias, y espero ser más constante a partir de ahora.
Y por último, gracias, mil gracias, por seguir ahí.

Lo sé, lo sé. Soy lo peor.

Muchísimos días sin actualizar, pero reconozco que con este tiempo que ha estado haciendo y la cantidad de trabajo que se me ha venido encima con el tema rebajas, he ido un pelín de culo. Bueno, muy de culo. Así que voy a intentar ponerme al día.

Nos quedamos en la salida que hice con Alejandra, la increíble y guapísima prometida de mi ex. Bien, no es oro todo lo que reluce. Observándola, puedo decir lo siguiente: La chica es guapa y alta, aunque ser más alta que yo no supone ningún tipo de mérito, todo hay que decirlo. Además, tiene esa elegancia que proporciona la extrema delgadez, pero es una elegancia irreal, puesto que esos movimientos taimados y suaves no responden a nada más que al hambre perpetuo. Se mueve como si el viento la pudiera llevar de un lado a otro con un mínimo esfuerzo y además viste bien, pero no tiene muy claro que hay cosas que no se pueden llevar cuando se va de chóping.

Apareció en la tienda con unos taconazos que me hicieron soltar un:

– Alejandra, ¿ya tienes claro que nos vamos de compras?

Ella enfocó medio rabiosa sus ojos en mí, y después de contestarme algo así como “pues claro que lo sé”, le dije: Vas a pasarlo fatal en esta ciudad con esos taconazos. Pero bien, ya pararemos a comprarte algo. Ella me contestó que no, que no haría falta, a lo que yo le contesté que si quería nos apostábamos algo.

Evidentemente la apuesta la gané yo -aunque dudo que me la llegue a cobrar nunca. Estábamos por el centro, entrando en las tiendas más in cuando me di cuenta que empezaba a cojear. Llevábamos ya unas dos horas andando, y vamos, no es que yo me esmerara en cansarla, pero es que ir de compras (al menos, las compras que ella quería) es así. La dejé sentada en un banco, le pregunté qué número de pie tenía y me metí en un Zara a comprarle unos zapatos mucho más cómodos de cuña. No se le saltaron las lágrimas de milagro. Además, le hizo mucha grcia que el gasto corriera de mi cuenta (de la mía no, de la empresa, pero eso ya se lo dejé claro más tarde).

Mientras compramos solo hablamos de ropa, y cada cierto tiempo me iba contando algo relacionado con Rodri.

(imaginaos la situación:

– Mira, un perro verde.

– Sí, pues eso me recuerda al día en que Rodri dijo que teníamos que poner hierva en casa, que es verde, porque…) 

Por mi parte todo eran sonrisas corteses y asentimientos, puesto que ni a mí me interesa su vida ni me voy a poner a explicarle la mía. Conseguí mantenerme firme, muy firme, hasta que llegó el momento de sentarnos a comer, a eso de las cuatro de la tarde, exhaustas y con dos vestidos, unos pantalones y un par de camisetas bajo el brazo.

– Claudia, valoro mucho lo que estás haciendo por mí -coge el cubierto, juguetea con su ensalada -. No creas que olvido lo tuyo con Rodri… Esto ha de ser duro para ti – Me mira, se sonríe de oreja a oreja.

¿Os imagináis mi cara? ¿Eh? ¿Os la imagináis?

– ¿Duro? ¿Qué es lo que tiene que ser duro para mí? ¿Que Rodri se case? ¿Que Rodri se case contigo? ¿El qué?

– Bueno… – Aquí se dio cuenta de que la había cagado, y ya se puso nerviosa- No quería decir esto, yo…

Y la corté:

– Mira Alejandra, ya encontraba suficientemente triste que tengas que contratarme para comprarte un vestido. Pero ahora ya de verdad has tocado techo, demostrándome lo celosa que estás, y te aseguro que no es culpa mía. Así que yo de ti, me levantaría, cogería un taxi y me iría corriendo a ver a Rodri, porque está claro que tenéis un problema y que necesitáis hablar. Y tranquila, que esto lo pago yo.

Cogió las bolsas y se fue, medio andando medio corriendo, haciéndose la indignada. Mirad, quizá me pasé, pero ya estaba harta. Quiero decir, si la chica tiene un problema y está medio chalá, tanto tanto que necesita contratar a la ex de su novio para demostrar su superioridad… Desde luego se ha equivocado de ex. Está claro que a mí no me duele ni me molesta que me “restriegue” que se va a casar con mi ex, pero también está claro que yo no soy un felpudo, y menos de esta mujer.

Cuando acabé de comer, llamé a Pablo y quedé con él para contarle todo esto. El chico no podía parar de reír y de hacerme bromas del estilo “Eres una claudianator” y cosas así. Reconozco que cuando llegó estaba nerviosa y me temblaba un poco el pulso, pero es que era la primera vez que hacía algo así. Siempre he sido una persona muy poco asertiva, y eso de poner límites es algo que me cuesta. Rodri lo sabía, así que imagino que la tonta del culo de Alejandra también.

Los dos se tuvieron que llevar una buena sorpresa…

Chicos, me voy de chóping con Alejandra. Este día promete.

¿Sabéis por qué libros o pelis como Bridget Jones funcionan? ¿Por qué mujeres de todas las edades disfrutan y empatizan con sus personajes? Porque todas las mujeres se han sentido en algún momento de sus vidas gordas, desgraciadas, solteronas y temiendo ser el almuerzo de su propio gato.

El otro día quedé con Pablo. No os comenté, pero hasta el día anterior había estado laboralmente pletórica por haber conseguido un contrato bastante interesante. No obstante, tenía claro que lo que iba a pasar esa tarde necesitaba grandes dosis de autocontrol, pero el saber que soy un hacha, quieras que no ayuda bastante a mantener la cabeza alta. Aunque solo sea en el mundo laboral.

Para variar, llegué puntual al “Bar mono”, mucho más puntual que él. Me pedí mi café, me encendí mi cigarrillo y me senté en una de sus mesitas blancas con cristal y cerca de la puerta. Siempre es interesante tener la huida cerca.

A los diez minutos llegó él. Estaba rojo, más de la vergüenza que del calor que hacía fuera, y medio sin aliento. Se disculpó por llegar tarde (en realidad solo se retrasó 5 minutos) y se sentó delante de mí. Se pidió una cerveza y me miró a los ojos. Fue a cogerme una mano que yo aparté bruscamente, casi tirando mi café por el camino, y le pregunté qué quería.

Lo primero que me dijo es que le perdonara. Que había sido un completo estúpido, que había reaccionado mal ante la presión. Que estaba seguro de que no quería a su ex, y estaba seguro de que lo que siente por mí es mucho más fuerte y más importante que lo que había sentido nunca por ella. En este punto he de reconocer que tenía los ojos buceando en las cuencas, pero no dejé que cayera ni una sola gota. Me emocioné porque me di cuenta de que realmente estaba diciendo la verdad. Pero no podía dejarlo así:

– Dime algo convicente para entender y perdonar que me echaras de tu casa como a una vulgar amante.

En ese momento una mueca ¿de dolor? cruzó su cara. Me volvió a pedir mil perdones. Se calló cuando la camarera (que es una cotilla) me sacó el café ya acabado y le pedía un batido de fresa. Cuando se fue, me dijo que no sabía qué decirme para que le perdonara, pero que solo podía decir que en ese momento solo pensaba en coger a Irene y decirle cuatro cosas para que lo dejara en paz, y que fue un estúpido porque la manera más efectiva para disuadirla de empezar de nuevo una relación hubiera sido viéndonos a ambos juntos.

Después me contó que, una vez me fui y hubieron entrado al salón, Pablo le hizo sentarse en el sofá y empezó el monólogo: le explicó que lo suyo había acabado, que había empezado una nueva vida, que estaba muy enamorado de una chica preciosa e inteligente (aquí tuve que contener aun más las lágrimas) y que, aunque él pensaba que podía tener una relación de amistad con ella (Irene), después de ver cómo se había plantado en su casa en plena noche le daba a entender que era del todo imposible, y que lo mejor es que no volvieran a verse nunca más. Finalmente, le preguntó por qué había venido así de sopetón, y ella le dijo:

– Me encontré a tu hermana y me contó lo de tu novia… Y he venido a ver a quién elegías.

Dice que en ese momento se le cayó el mundo a los pies, porque se dio cuenta de que esa noche parecía y había actuado como si hubiera elegido a Irene en vez de a mí. Por fin se dio cuenta de que, aunque había hecho bien echando a Irene de su vida, la había cagado conmigo, y en ese momento decidió acabar la conversación y llamarme.

Para cuando Irene se fue de su casa, montando una escenita (al fin y al cabo, qué puedes esperar de una mujer que recorre más de 600 km para ir a ver a su exnovio cuando se entera de que éste ha rehecho su vida sentimental), Pablo empezó a llamarme, pero yo ya había apagado el móvil. En casa el teléfono estaba desconectado, y por mucho que intentó ponerse en contacto conmigo no pudo… Hasta que por fin le contesté uno de sus mensajesde “tenemos que hablar”, en los que le corrió un terror horrible por todo el cuerpo al ver que se había expresado mal, porque lo único que quiere es que le perdone, aunque entiende perfectamente que le mande a la mierda… Pero que él lo tiene que intentar, porque está muy enamorado de mí.

Era la primera vez que me decía, directamente a mí, que estaba enamorado de mí. Menudo momento para decirlo. ¿Es que solo se dicen estas cosas en los momentos más tensos? ¿O es algo que se dice para dorar la píldora?

En ese momento le dije que le agradecía que me explicara por qué, pero que como él ya sabe lo había pasado muy mal y me había hecho mucho, mucho daño. En ese momento le dije lo que había sentido yo:

Que había sido tratada como un perro, un plato de segunda, al que echar cuando llega la verdadera pareja. Vamos, como una amante cualquiera. Que nunca me había sentido más despreciada en toda mi vida, que toda la felicidad e ilusión que sentía se habían ido al traste en menos de cinco minutos, y que ese daño no se arregla fácilmente. Le dije que yo también estaba enamorada de él, y que por eso me había hecho tanto daño… Y también por eso debía tomarme unos días para pensar sobre ello. Que agradecía que Irene no se hubiera quedado a dormir en su casa (como me temía), y que la hubiera echado… Puesto que si se hubiera quedado, no me podía creer que realmente Pablo quiere cerrar un capítulo con ella.

Finalmente, le dije que iba a pasar el fin de semana en casa de mi hermano, y que me pondría yo en contacto con él, puesto que tenía que pensar.

Desde el viernes por la tarde he recibido en casa de mi hermano flores, un ramo cada día, en total una flor por cada día que hemos estado juntos (yo no me había dado cuenta hasta que lo leí en la última tarjeta). También me ha ido enviando un mensaje cada hora en punto (incluso por la noche, que lo tenía en silencio) al móvil diciéndome por qué estaba enamorado de mí, y por qué sentía tanto haberse comportado como un imbécil. El último mensaje que me envió fue ayer por la noche, en el que solo decía:
“Te quiero”

Soy débil. Hemos quedado esta tarde.