Después de hablarlo conmigo, Johan se fue directo a su casa para hablar con su mujer. Me pasé tres días sin saber nada de él, puesto que era fin de semana y no podía hacer más que esperar junto al teléfono hasta que me llamara para decirme cómo había ido. Mi hermano es como yo para estas cosas, cuando tiene algo entre manos no le gusta que le agobien.
Aquí tengo que hacer un break y decir que no aguanto a mi ex-cuñada. La verdad es que es raro porque, como la gente que me conoce bien sabe, difícilmente me cae mal una persona. Pero es que ella es epecial, en el peor sentido de la palabra. Es egocéntrica, soberbia, egoísta, mentirosa y fantasiosa… En fin, lo tiene todo para que una persona me caiga mal. Nunca he podido entender qué era lo que le veía mi hermano, pero siempre es algo que me he callado hasta hace unos pocos meses, que me he podido sincerar con él. Y Johan, con una sonrisa de disculpa (supongo que por respeto a su ex) me ha dado la razón en cada punto que le he expuesto.
¿Por qué? Pues porque la muy zorra desde el primer día ha intentado hacerle la vida imposible a mi hermano. Primero pretendía que le pagara una pensión compensatoria, cuando ella está en nómina en la empresa de su padre cobrando un pastón -prácticamente lo mismo que mi hermano, que se deja los cuernos- por no hacer nada. ¿Así que compensación de qué? Cuando vio que por ahí no podía sacar dinero, y cuando pensábamos que el tema de la niña estaba desde el principio zangazo, la muy guarra amenazó con pedir la custodia completa de la cría. Ahí mi hermano, que más o menos iba con buena cara y pretendía ceder más o menos en todo lo que hiciera falta para poder desvincularse de ella, sacó las garras. Y es que no hace falta conocer mucho a mi hermano como para saber que su niña es lo que más quiere en este mundo. Después de unos cuantos encuentros con los abogados, y sabiendo que ella iba a perder, quedaron en hacer la custodia compartida, y que la niña pasara una semana en casa de cada uno, se partiría las vacaciones, etc. Los gastos de la criatura a medias… En fin, exactamente no sé muy bien cómo ha quedado el acuerdo porque no tengo ni idea de estas cosas y ya hace bastante de ello, pero dentro de lo que cabe mi hermano estaba muy contento.
El gran problema fue cuando tuvo que decirlo en casa. La siguiente cena que se hizo en casa de mi madre después de aquello fue el momento que eligió mi hermano para soltar la bomba. Me dijo que de esa manera, al estar yo que siempre desvío los odios de mi madre, la bronca no sería tan jodida. Será cabrón el tío, cómo se aprovecha de su hermana.
Nos presentamos juntos Pablo, Johan y yo en casa, puesto que Johan se había instalado dos días antes mientras buscaba un piso donde seguir su vida. Mi madre se sorprendió al vernos llegar a los tres sin la harpía de mi cuñada y sin la niña, pero después no hizo mucho caso porque a veces mi cuñada cogía a la niña y se iba a comprar a París o a Milán y todos nos quedábamos sin “disfrutar” de su presencia. Hasta ahí todo correcto. Nos sentamos en la mesa con Johan entre Pablo y yo (necesitaba apoyo para enfrentarse contra el Balrog que es mi madre) y cuando menos nos lo esperabamos (creo que estaban sirviendo el segundo plato) mi hermano lo soltó ahí en medio.
Todos se quedaron con la boca abierta, pero la primera en reaccionar, como siempre, fue mi madre diciendo algo así como:
- ¿Que te vas a separar? Di lo que quieras pero no te lo voy a consentir.
Yo le habría puesto un par de tacos para darle más énfasis, pero sí que es cierto que mi madre es muy fina hablando. Ahí empezó la discusión: madre e hijo lanzándose estocadas verbales, ella diciendo que sería una deshonra para la familia y mi hermano, ya preparado para eso, contestándole que mayor deshonra sería seguir con esa mujer que no le hacía feliz. Ya os podéis imaginar que mi madre ha tenido hijos simplemente porque tocaba tenerlos, y no porque realmente los quisiera (sin contar a mi hermana pequeña, a la que mima y adora y de la que Johan y yo tenemos, o teníamos, unos celos viscerales). Mi padre estaba viendo el espectáculo sin poder creer que su mujer pensara más en el qué dirán que en lo que poco antes le había confesado su hijo: que era infeliz. Mi hermana estaba disfrutando con el espectáculo, su novio (con el que todavía dura! Desde finales de Agosto!) abochornado perdido y Pablo y yo apoyando a mi hermano con réplicas cuando podíamos o simplemente a través del contacto.
Finalmente, mi madre, al ver que estaba sola en la lucha, declaró que no tenía más hambre y que se iba. Cogió su paquete de tabaco y su móvil de última generación (que siempre están a su lado sobre la mesa cuando cenamos) y se fue al piso de arriba a su habitación. Mi hermana se excusó y fue detrás de ella.
A los demás también se nos quitó el apetito, así que nos fuimos al salón para seguir hablando. Papá abrazó a Johan durante un buen rato, yo serví unas copas y nos quedamos todos charlando, incluido el novio de mi hermana. La verdad es que estaba cortado, pero de todos los que ha tenido parece, sin duda alguna, el más majo.
Esa noche no volvimos a ver ni a mi madre ni a mi hermana, y nos fuimos los tres para casa. No sé a qué hora nos acostamos pero al final acabamos la velada partiéndonos recordando la vena que se le hincha a mi madre en el cuello, por debajo de la cadena con la cruz que lleva siempre. Se pone muy Patiño, la tía.
Durante un mes más o menos Johan y yo no fuimos ningún jueves a cenar a casa de mis padres porque mi madre aun no se había recuperado del susto. Yo podría haber ido, pero entre que me quería quedar con mi hermano y que además yo le había apoyado abiertamente la última vez que nos vimos, no quería arriesgarme a encontrarme con una guerra abierta sobre la mesa. Más adelante ya consintió que nos viéramos (mierda…), así que, por mi padre sobretodo, volvimos a acudir a las cenas. Por cierto, mi madre no le ha pedido perdón a mi hermano, aunque ya acepta que se separen.
También más o menos por esa época Johan encontró un piso precioso, amplio, con tres habitaciones, un estudio, salón-comedor, cocina y terraza grande. Un lujo. Entre los tres (cris, Johan y yo) decoramos el piso, y en lo que más empeño pusimos fue en la habitación de la niña. Mi sobrina, que hace poco me confesó que, aunque le daba pena que sus padres estuvieran separados, sabía que así su padre era más feliz, aunque ambos se echaban de menos. Ahora ya tiene seis añitos (casi siete, que los hace en Agosto) y está muy centrada para su edad. Además de ser guapísima. Y no es amor de tía, eh? Es que está para comérsela.
Total, que poco a poco estamos volviendo a la normalidad. El tiempo que compartí piso con mi hermano, aunque no teníamos mucha intimidad nos lo pasamos de lujo: Cada día viendo pelis, comiendo palomitas cada dos por tres y mimándonos mucho. Me recordaba a cuando éramos pequeños que siempre estábamos uno encima del otro. Ahora que tiene su pedazo de piso soy yo la que de vez en cuando, sobretodo cuando no está la cría, me paso por ahí a ver una peli y a quedarme a dormir. De hecho esta noche es muy probable que me pase por ahí con un poco de comida preparada, y cuanto más guarra, mejor.

1 comment
Comments feed for this article
Julio 10, 2009 a 7:48 pm
Jesús Rocha
Te digo un secreto, que se que ahora no me leen. Sin hermanos no sabría que hacer, es verdad, tengo dos, una por arriba y uno por abajo, jijijiji, Lo bueno de ser el del medio es que estoy cerca de los dos, jajajaja, un abrazo