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Lo sé, lo sé. Soy lo peor.

Muchísimos días sin actualizar, pero reconozco que con este tiempo que ha estado haciendo y la cantidad de trabajo que se me ha venido encima con el tema rebajas, he ido un pelín de culo. Bueno, muy de culo. Así que voy a intentar ponerme al día.

Nos quedamos en la salida que hice con Alejandra, la increíble y guapísima prometida de mi ex. Bien, no es oro todo lo que reluce. Observándola, puedo decir lo siguiente: La chica es guapa y alta, aunque ser más alta que yo no supone ningún tipo de mérito, todo hay que decirlo. Además, tiene esa elegancia que proporciona la extrema delgadez, pero es una elegancia irreal, puesto que esos movimientos taimados y suaves no responden a nada más que al hambre perpetuo. Se mueve como si el viento la pudiera llevar de un lado a otro con un mínimo esfuerzo y además viste bien, pero no tiene muy claro que hay cosas que no se pueden llevar cuando se va de chóping.

Apareció en la tienda con unos taconazos que me hicieron soltar un:

- Alejandra, ¿ya tienes claro que nos vamos de compras?

Ella enfocó medio rabiosa sus ojos en mí, y después de contestarme algo así como “pues claro que lo sé”, le dije: Vas a pasarlo fatal en esta ciudad con esos taconazos. Pero bien, ya pararemos a comprarte algo. Ella me contestó que no, que no haría falta, a lo que yo le contesté que si quería nos apostábamos algo.

Evidentemente la apuesta la gané yo -aunque dudo que me la llegue a cobrar nunca. Estábamos por el centro, entrando en las tiendas más in cuando me di cuenta que empezaba a cojear. Llevábamos ya unas dos horas andando, y vamos, no es que yo me esmerara en cansarla, pero es que ir de compras (al menos, las compras que ella quería) es así. La dejé sentada en un banco, le pregunté qué número de pie tenía y me metí en un Zara a comprarle unos zapatos mucho más cómodos de cuña. No se le saltaron las lágrimas de milagro. Además, le hizo mucha grcia que el gasto corriera de mi cuenta (de la mía no, de la empresa, pero eso ya se lo dejé claro más tarde).

Mientras compramos solo hablamos de ropa, y cada cierto tiempo me iba contando algo relacionado con Rodri.

(imaginaos la situación:

- Mira, un perro verde.

- Sí, pues eso me recuerda al día en que Rodri dijo que teníamos que poner hierva en casa, que es verde, porque…) 

Por mi parte todo eran sonrisas corteses y asentimientos, puesto que ni a mí me interesa su vida ni me voy a poner a explicarle la mía. Conseguí mantenerme firme, muy firme, hasta que llegó el momento de sentarnos a comer, a eso de las cuatro de la tarde, exhaustas y con dos vestidos, unos pantalones y un par de camisetas bajo el brazo.

- Claudia, valoro mucho lo que estás haciendo por mí -coge el cubierto, juguetea con su ensalada -. No creas que olvido lo tuyo con Rodri… Esto ha de ser duro para ti – Me mira, se sonríe de oreja a oreja.

¿Os imagináis mi cara? ¿Eh? ¿Os la imagináis?

- ¿Duro? ¿Qué es lo que tiene que ser duro para mí? ¿Que Rodri se case? ¿Que Rodri se case contigo? ¿El qué?

- Bueno… – Aquí se dio cuenta de que la había cagado, y ya se puso nerviosa- No quería decir esto, yo…

Y la corté:

- Mira Alejandra, ya encontraba suficientemente triste que tengas que contratarme para comprarte un vestido. Pero ahora ya de verdad has tocado techo, demostrándome lo celosa que estás, y te aseguro que no es culpa mía. Así que yo de ti, me levantaría, cogería un taxi y me iría corriendo a ver a Rodri, porque está claro que tenéis un problema y que necesitáis hablar. Y tranquila, que esto lo pago yo.

Cogió las bolsas y se fue, medio andando medio corriendo, haciéndose la indignada. Mirad, quizá me pasé, pero ya estaba harta. Quiero decir, si la chica tiene un problema y está medio chalá, tanto tanto que necesita contratar a la ex de su novio para demostrar su superioridad… Desde luego se ha equivocado de ex. Está claro que a mí no me duele ni me molesta que me “restriegue” que se va a casar con mi ex, pero también está claro que yo no soy un felpudo, y menos de esta mujer.

Cuando acabé de comer, llamé a Pablo y quedé con él para contarle todo esto. El chico no podía parar de reír y de hacerme bromas del estilo “Eres una claudianator” y cosas así. Reconozco que cuando llegó estaba nerviosa y me temblaba un poco el pulso, pero es que era la primera vez que hacía algo así. Siempre he sido una persona muy poco asertiva, y eso de poner límites es algo que me cuesta. Rodri lo sabía, así que imagino que la tonta del culo de Alejandra también.

Los dos se tuvieron que llevar una buena sorpresa…

Chicos, me voy de chóping con Alejandra. Este día promete.

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