¿Sabéis por qué libros o pelis como Bridget Jones funcionan? ¿Por qué mujeres de todas las edades disfrutan y empatizan con sus personajes? Porque todas las mujeres se han sentido en algún momento de sus vidas gordas, desgraciadas, solteronas y temiendo ser el almuerzo de su propio gato.
El otro día quedé con Pablo. No os comenté, pero hasta el día anterior había estado laboralmente pletórica por haber conseguido un contrato bastante interesante. No obstante, tenía claro que lo que iba a pasar esa tarde necesitaba grandes dosis de autocontrol, pero el saber que soy un hacha, quieras que no ayuda bastante a mantener la cabeza alta. Aunque solo sea en el mundo laboral.
Para variar, llegué puntual al “Bar mono”, mucho más puntual que él. Me pedí mi café, me encendí mi cigarrillo y me senté en una de sus mesitas blancas con cristal y cerca de la puerta. Siempre es interesante tener la huida cerca.
A los diez minutos llegó él. Estaba rojo, más de la vergüenza que del calor que hacía fuera, y medio sin aliento. Se disculpó por llegar tarde (en realidad solo se retrasó 5 minutos) y se sentó delante de mí. Se pidió una cerveza y me miró a los ojos. Fue a cogerme una mano que yo aparté bruscamente, casi tirando mi café por el camino, y le pregunté qué quería.
Lo primero que me dijo es que le perdonara. Que había sido un completo estúpido, que había reaccionado mal ante la presión. Que estaba seguro de que no quería a su ex, y estaba seguro de que lo que siente por mí es mucho más fuerte y más importante que lo que había sentido nunca por ella. En este punto he de reconocer que tenía los ojos buceando en las cuencas, pero no dejé que cayera ni una sola gota. Me emocioné porque me di cuenta de que realmente estaba diciendo la verdad. Pero no podía dejarlo así:
- Dime algo convicente para entender y perdonar que me echaras de tu casa como a una vulgar amante.
En ese momento una mueca ¿de dolor? cruzó su cara. Me volvió a pedir mil perdones. Se calló cuando la camarera (que es una cotilla) me sacó el café ya acabado y le pedía un batido de fresa. Cuando se fue, me dijo que no sabía qué decirme para que le perdonara, pero que solo podía decir que en ese momento solo pensaba en coger a Irene y decirle cuatro cosas para que lo dejara en paz, y que fue un estúpido porque la manera más efectiva para disuadirla de empezar de nuevo una relación hubiera sido viéndonos a ambos juntos.
Después me contó que, una vez me fui y hubieron entrado al salón, Pablo le hizo sentarse en el sofá y empezó el monólogo: le explicó que lo suyo había acabado, que había empezado una nueva vida, que estaba muy enamorado de una chica preciosa e inteligente (aquí tuve que contener aun más las lágrimas) y que, aunque él pensaba que podía tener una relación de amistad con ella (Irene), después de ver cómo se había plantado en su casa en plena noche le daba a entender que era del todo imposible, y que lo mejor es que no volvieran a verse nunca más. Finalmente, le preguntó por qué había venido así de sopetón, y ella le dijo:
- Me encontré a tu hermana y me contó lo de tu novia… Y he venido a ver a quién elegías.
Dice que en ese momento se le cayó el mundo a los pies, porque se dio cuenta de que esa noche parecía y había actuado como si hubiera elegido a Irene en vez de a mí. Por fin se dio cuenta de que, aunque había hecho bien echando a Irene de su vida, la había cagado conmigo, y en ese momento decidió acabar la conversación y llamarme.
Para cuando Irene se fue de su casa, montando una escenita (al fin y al cabo, qué puedes esperar de una mujer que recorre más de 600 km para ir a ver a su exnovio cuando se entera de que éste ha rehecho su vida sentimental), Pablo empezó a llamarme, pero yo ya había apagado el móvil. En casa el teléfono estaba desconectado, y por mucho que intentó ponerse en contacto conmigo no pudo… Hasta que por fin le contesté uno de sus mensajesde “tenemos que hablar”, en los que le corrió un terror horrible por todo el cuerpo al ver que se había expresado mal, porque lo único que quiere es que le perdone, aunque entiende perfectamente que le mande a la mierda… Pero que él lo tiene que intentar, porque está muy enamorado de mí.
Era la primera vez que me decía, directamente a mí, que estaba enamorado de mí. Menudo momento para decirlo. ¿Es que solo se dicen estas cosas en los momentos más tensos? ¿O es algo que se dice para dorar la píldora?
En ese momento le dije que le agradecía que me explicara por qué, pero que como él ya sabe lo había pasado muy mal y me había hecho mucho, mucho daño. En ese momento le dije lo que había sentido yo:
Que había sido tratada como un perro, un plato de segunda, al que echar cuando llega la verdadera pareja. Vamos, como una amante cualquiera. Que nunca me había sentido más despreciada en toda mi vida, que toda la felicidad e ilusión que sentía se habían ido al traste en menos de cinco minutos, y que ese daño no se arregla fácilmente. Le dije que yo también estaba enamorada de él, y que por eso me había hecho tanto daño… Y también por eso debía tomarme unos días para pensar sobre ello. Que agradecía que Irene no se hubiera quedado a dormir en su casa (como me temía), y que la hubiera echado… Puesto que si se hubiera quedado, no me podía creer que realmente Pablo quiere cerrar un capítulo con ella.
Finalmente, le dije que iba a pasar el fin de semana en casa de mi hermano, y que me pondría yo en contacto con él, puesto que tenía que pensar.
Desde el viernes por la tarde he recibido en casa de mi hermano flores, un ramo cada día, en total una flor por cada día que hemos estado juntos (yo no me había dado cuenta hasta que lo leí en la última tarjeta). También me ha ido enviando un mensaje cada hora en punto (incluso por la noche, que lo tenía en silencio) al móvil diciéndome por qué estaba enamorado de mí, y por qué sentía tanto haberse comportado como un imbécil. El último mensaje que me envió fue ayer por la noche, en el que solo decía:
“Te quiero”
Soy débil. Hemos quedado esta tarde.

9 comments
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Junio 30, 2008 a 7:08 pm
Jesús Rocha
Ves como al final era in dubio pro reo…. un principio básico del derecho… Sobre el amor… sobre el amor nadie puede hablar puesto que es una ciencia inexacta. Así que disfruta y ríete de la vida, antes que la vida se ría de ti. un abrazo, me alegro que todo siga bien.
Junio 30, 2008 a 7:16 pm
Elizabeth Brown
Pues yo te digo, que mu bien, hazselo pasar un poquitin mal, asi aprende! pero vamos, que veo que ha aprendido rapido! Lo mejor es poner los puntos sobre las ies, que sepa todo lo mal que lo has pasado, y cuando se de cuenta de todo… comele los morron chikillaaaaa!!! que en la vida es cierto que se cometen errores… pero, ¿y lo bonito que son las reconciliaciones?
Junio 30, 2008 a 7:52 pm
Claudia
Habemus reconciliación…
Junio 30, 2008 a 11:33 pm
Jesús Rocha
No esperaba menos….
Julio 1, 2008 a 11:10 am
Laura
Como te había dicho antes, la pelota estaba en su tejado. Ahora, no puedes negar que la jugó bastante bien….Disfruta y vívelo a pleno. No vale la pena de otra forma. Saludos y enhorabuena.
Julio 1, 2008 a 3:00 pm
Magui
no podía terminar así…
Julio 6, 2008 a 9:49 pm
magnica
Siempre me gustaron los finales felices…
Julio 7, 2008 a 11:30 am
Claudia
A mí también… Y eso que yo pensaba que iba a ser un final fatal…
Julio 26, 2008 a 7:46 pm
Rocío
que increible.. a mi me paso algo similar y yo también recibia rosas “por cada día que estuvimos juntos” cuando por fin regresamos, el siguió haciendolo como un mes mas
Si realmente lo quieres perdonar, piensalo bien, porque no se vale que después se lo vuelvas a hechar en cara… mejor hazlo sufrir un rato mas y después perdonalo!