Tantas cosas que han pasado y tantísimo tiempo sin escribir… Esto es un cachondeo.

Bien, lo primero. Empezaremos por el fin de semana.

Marta es una chica de 16 años muy guapa, como su hermano, rubísima con los ojos verdísimos, un tipito monísimo y toda ella estupendísima. Así apareció por la puerta del aeropuerto, que parecía una actriz de Jólibu.

En cuanto nos vio, los hermanos se fundieron en un larguísimo abrazo y después me miró a mí, me sonrío muy dulcemente y me dio otro larguísimo abrazo a mí. Me dijo que tenía muchas ganas de conocerme puesto que su hermano le había hablado mucho y bien de mí. La verdad es que me moría de la vergüenza. En ese momento Marta irradiaba tal felicidad, soltura y seguridad que me sentía yo como la hermana pequeña. Pero pronto me recuperé.

Pablo alucinó porque de camino al coche estuvimos hablando todo el rato, preguntándonos cosas y demás. Le prometí que al día siguiente la llevaría de compras a las mejores tiendas de la ciudad, a lo que sonrió y me dio otro abrazo. En fin, un encanto.

La verdad es que esperaba encontrarme con una mocosa malcriada, pero me encontré con una niña guapísima, monísima, simpática e inteligente. Vamos, una persona adorable, como su hermano. Y nos lo pasamos muy bien. ¿Es que esta familia es perfecta o qué? Ayer le decía a Pablo que su familia debía de dar asco, casi como los Brangelinos, tan altos, Ricos, guapos, simpáticos y estupendos. En fin, es mejor que no compare con mi familia porque sino puedo caer en una bonita y abundante depresión.

Así que el fin de semana nos ha dejado contentos pero exhaustos. Este que viene hemos decidido que hoy nos aprovisionaremos de comida, películas y demás para pasar el resto de días en su casa. Además ambos tenemos puente el lunes (porque aquí es fiesta) así que no hay nada mejor. Ah, y si tenemos el cuerpo de buenas quizá nos vamos a la playa.

Por otro lado, el sábado, mientras los dos hermanos y yo veíamos la sagrada familia, me sonó el teléfono. No lo tenía guardado, pero desgraciadamente tengo buena memoria y enseguida reconocí ese número de teléfono: Rodri.

Bien, respira hondo, mira a Pablo y dile que me está llamando Rodri. Se lo digo y me dice, entre risas con su hermana, que lo coja.

_ ¿sí?

- Hola guapa, ¿qué tal?

- ¡Muy bien! Dime -Soy muy parca hablando por teléfono, me gusta que la gente vaya al grano.

- Mira, que te llamaba para preguntarte si te había incomodado la visita de Alejandra… Es que es una mujer muy cabezota y cuando se le mete algo en la cabeza no hay quien le disuada de ello y claro..

- Tranquilo Rodri – le corté-, no tengo problema. Al fin y al cabo piensa que de cara a la empresa he traído una clienta nueva, así que eso ¡me suma doble! – me echo a reír

- Vale… – se ríe un poco- Entonces me alegro. Y oye, ¿crees que podrías hacer un café mañana?

- No, tío… Gracias por el ofrecimiento, pero lo tengo un poco chungo este fin de semana – ¿Cómo le digo que no pienso hacer un café con él en la vida? No hay nada que nos una a estas altura, a parte de los negocios familiares, de los cuales estoy absolutamente desvinculada.

- Bueno, pues si eso quedamos otro día y hablamos de lo de la cena y a ver si me puedes dar unas cuentas ideas.

- Si quieres algo de eso pásate por la ofi.

- ¿Así sumas doble?

- No tonto, que te pongo dentro del perfil de tu mujer, que ya es clienta, y así no me tenéis que pagar más.

- Bueno, en todo caso durante la semana te digo algo.

Despedidas de rigor y colgamos. Se lo expliqué todo a Pablo y a Marta y se partían. Pablo me comentó que si me iba a hacer un café con Rodri, que él se sienta en una mesa cerquita por si necesito ayuda en algún momento, pero le contesté que no, que fuimos buenos amigos en su momento (o lo que fuera que éramos) pero que a estas alturas nada me une a él, así que no me interesa cultivar ningún tipo de relación.

La verdad, me siento pletórica.