Ayer por la tarde, mientras estaba en la ofi-tienda, me llamó al móvil Alejandra. Al principio, cuando me dijo su nombre, no la situaba (nunca había conocido a ninguna Alejandra), pero enseguida supe quien es con su: “Soy la novia de Rodri”.

Resulta que me ha llamado para dos cosas. La primera, para preguntarme si podía contar conmigo para la despedida de soltera, a lo que ya le he dicho que no. La primera excusa que me vino a la cabeza era por cuestiones de dinero, pero eso es una tontería ya que siempre se lo puedo pedir a mis padres. Así que le he dicho la franca verdad: que me halagaba que me invitara pero que no conocería a nadie, y no me sentiría cómoda porque soy bastante tímida. Entonces me dijo:

- Sí, Rodri ya me lo había dicho.

Claudia, respira hondo y cuenta hasta 100.

La otra cosa por la que me llamaba me dejó con cara de Carlos Sobera: con una ceja levantada y media mueca de incredulidad. Me comentó que antes de la boda (que es a finales de septiembre) van a hacer una cena con todos los invitados, casi como si se tratara de los príncipes. En fin, tienen dinero para serlo, pero vamos… Total, que le gustaría que le aconsejara sobre qué ponerse y todo eso. Vamos, que sea su Personal Shopper.

En este punto, la Claudia de hace tres meses se hubiera echado a llorar, hubiera maldecido en voz baja y hubiera tenido que colgar deprimida perdida por lo que eso supone. La Claudia de ayer actuó de manera muy diferente.

Nos hemos citado el 10 de Junio. La voy a dejar preciosa. ¿De dónde habrá salido esta seguridad?