¿Qué me pongo?



Una personalidad maravillosa

Mariona se pasó toda la semana intentando convencerme para ir ella y yo a probar una discoteca nueva de las que nos ha lllegado por diferentes lados que es un antro que está muy bien, y que gusta a todo tipo de gente. Me costó, sobretodo después de pasarme desde las doce hasta las cinco echada al sol, solo parando para ir al baño y comer algo. Algo (zanahorias) que ayudó al sol a quemarme, puesto que aunque me puse protección, me quedé dormida, así que tenía parte del pecho y estómago y parte de la espalda rojita cual alemán en Mallorca.

Aun así, como ya le dije a Mariona que me iba con ella, me embadurné de crema de cabeza a los pies después de un baño reparador, me escogí lo más fashionable que tenía en el armario y me vestí.

Primero fuimos a cenar y a tomar un bar de copas al bar de cocktails al que últimamente vamos tanto que solo vernos aparecer por la puerta ya nos están sirviendo nuestros appletinis. En ese rato nos lo pasamos genial, conocimos a un grupo de chicas majísimas, nos vimos con un par de amigas con las que habíamos quedado ahí e hicimos tiempo hasta que fue una hora adecuada para irnos a la discoteca.

Mariona siempre entra gratis en todas partes. Supongo que se debe a que , a parte de estar muy buena, tiene una personalidad arrolladora, y no tiene nada de vergüenza. Va directa a los porteros, les planta dos besos y, sin soltarme de la mano, se mete dentro mientras le manda recuerdos a sus novias. Así nos ahorramos una pasta. Dentro se camela a algún que otro camarero y bebemos gratis la mayor parte de la noche. Siempre dice que yo podría hacer lo mismo, al menos con el aspecto físico… Pero mira, es que me parece de un jeta impresionante y se me cae la cara de vergüenza. Supongo que eso es fruto de tener una personalidad maravillosa.

Tener una personalidad maravillosa es lo peor que te puede pasar. Eso y tener un pelo bonito. O ser maja. Lo peor que te puede pasar en una conversación entre hombres es esto:

- Bueno Juan, ¿qué tal Claudia?

- Majísima, muy maja, sí señor - contesta Juan.

- ¿Qué tal es?

- Pues mira, tiene una personalidad maravillosa.

- Pero ¿está buena o qué?

- Bueno… Tiene un pelo precioso.

Por suerte, aunque no me puedo quejar de mi pelo, no estoy dentro de esa categoría de chicas. Aun así, no me puedo quitar el lastre de tener una personalidad maravillosa. Siempre estoy atenta a todo el mundo, cuidándoles, haciendo que nunca falle ningún detalle, haciendo favores a todo quisqui y mordiéndome la lengua cuando alguien no me los hace a mí. No solo eso sino que soy la hermanita perfecta. En el colegio siempre me pasaba que la más zorrilla se llevaba al chico que me gustaba mientras que éste me contaba a mí sus penas y hasta dónde le metía la lengua. A mí siempre me ha faltado ese puntito de maldad, de ironía o de malicia, como quiera que se pueda llamar.

Lo peor es tener que darle la razón a mi madre, que siempre me decía que, de buena, tonta. Por eso, el sábado, cuando estábamos en la discoteca Mar y yo, vi a un chico muy guapo que estaba mirando hacia nosotras. Pensé: humm, con ese no me importaría. Mariona también se dio cuenta, y le lanzó una de esas sonrisas que solo ella sabe poner que significa: Me lo trago todo. Hasta ese momento, el chico nos estaba mirando a las dos. Hasta ese momento.

Al cabo de cinco minutos me metí en un taxi y me fui para casa. Mariona ya estaba lo bastante bien acompañada.

 


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