Ikea
Esta tarde la jefa ha sido magnánima y nos ha dejado salir pronto, así que en un ataque de consumismo he pensado en acercarme a Ikea para comprar un par de cajas donde guardar el excedente de ropa invernal. Me he comprado tanta ropa este invierno que no me cabe en las cajas que ya tenía.
Me he cogido un par de autobuses y he ido a mi tienda favorita. Realmente me encanta. La pega es que está a las afueras de la ciudad, y sin coche es un poco coñazo. eso sí, tenía pensado cogerme un taxi de vuelta, aunque me costara una pasta, puesto que mi idea era comprar un par de cajas grandes.
He empezado a recorrer, lentamente, la tienda. Aun me maravillo cómo es posible que hagan cosas tan chulas tan baratas. Una vez leí que se debe a que a los diseñadores les dan un precio final y les dicen: con esto (30€), tenéis que hacer una silla. Y se estrujan y se exprimen la cabeza para cumplir con eso. Increíble, de verdad que es admirable.
He visto salones, cocinas, habitaciones… Muebles que los conozco a la perfección porque algunos están en mi casa y también porque cada cierto (corto) tiempo me doy una vuelta por la tienda. Cuando ya por fin he acabado porque ya me lo sabía todo, he ido a la parte de autoservicio a buscar las cajas, parándome, por supuesto, en el menaje de cocina.
He examinado las cajas y he elegido unas bastante grandes, quería coger dos. Y entonces me he empezado a pelear. Las cajas estaban totalmente enganchadas las unas de las otras y había tantas que no podía levantarlo a peso para coger la última, que era la que estaba más suelta. Por el rabillo del ojo he visto que venía gente y me ha entrado una vergüenza atroz cuando he oído:
- Déjame que te ayude.
Me he girado y he visto a un chico alto, rubio, de ojos azules y piel blanca. La verdad es que parecía extranjero, pero su acento era más bien del sur de España. Le he sonreído y le he dejado paso para que me ayudara: la verdad es que lo necesitaba porque me estaba dejando las manos en el intento. En un par de movimientos me ha sacado una caja, y le he dicho:
- Sé que tengo mucha cara, pero necesito dos.
- Tranquila, no hay problema.
Ha hecho otro movimiento, como un golpe seco, y la última caja se ha desprendido sobre la que ya me había sacado. Entonces ya he empezado a flipar y no he parado hasta ahora.
- Muchísimas gracias. Si puedo hacer algo por ti… - Fórmula básica de educación que me enseñaron mis padres. Si alguien te hace un favor, aunque no te apetezca, tienes que ofrecerte a devolvérselo, aunque sepas que te van a decir que no hace falta.
- Pues no sé si sería mucha cara pero estoy dudando entre dos lámparas y no sé cual comprarme.
No sé si se ha notado, pero al recibir una respuesta que no era un “no” me he quedado tan alucinada que por un momento me he quedado en blanco. Hasta que he visto su cara de: “creo que la he cagado”. Le he contestado que por supuesto, que sería un placer y le he seguido hasta las dos lámparas. Me ha estado explicando que era nuevo, que venía de Andalucía y que lleva aquí poco más de tres semanas. Ahora está decorando como puede su casa, y necesitaba una lámpara para un rincón, para hacer un pelín de ambiente. Le he recomendado que se llevara una que a mí personalmente me encanta, que son cuatro cuadrados de papel de color tostado que cuelgan uno debajo de otro.
Una vez elegido nos hemos dirigido juntos a la cola para pagar. En ese momento seguíamos hablando, en parte por curiosidad de conocerle y en parte porque cuando estoy con un desconocido o nerviosa no puedo dejar de hablar y preguntarle cosas. Le he preguntado si conocía a alguien por aquí, y al decirme que no, que solo a sus compañeros de trabajo, ha vuelto a aflorar la misma educación que antes mencionaba y he dicho, con voz risueña, alegre y feliz:
- Bueno, pues si necesitas cualquier cosa…
Y me ha dicho:
- Pues si quieres podríamos ir a dar un paseo el sábado y me enseñas un poco más tu ciudad.
Y en vez de decir:
- bueno, no te conozco, podrías ser un auténtico maníaco homicida con aspecto de corderito.
He dicho:
- Vale.
Y le he dado mi teléfono (que él ha guardado y me ha hecho un llama para que yo tuviera el suyo). Después le he dicho que mi coche estaba fuera (¿?) y aunque se ha empeñado en acompañarme para llevarme las cajas, le he convencido para que no lo haga porque tenía mi coche ahí al lado. Ni siquiera sé si se puede aparcar en la calle del Ikea.
Ahora que ya estoy en casa sigo sin creérmelo. Nunca me había pasado nada así en toda mi vida. Tengo mariposillas en el estómago…
Jajajajja, enhorabuena…. ves has ligado. Las cosas aparecen, caludia, no se buscan, y cuando uno menos lo espera. Me alegro. Una abrazo.
Publicado 3 weeks, 1 day agoPues si, las cosas aparecen cuando uno menos se lo espera, ademas, eso es lo bonito, que vengan solas… de repente…
Publicado 3 weeks, 1 day agoJesús, Elisabeth, gracias por vuestras palabras. Aun así, mejor no vender la piel antes de haber cazado al oso porque no sabemos nada. El chico está muy solo, y la desesperación hace estragos!
Publicado 3 weeks, 1 day agoSuena excitante! Esperamos tu crónica post-cita. Mucha merde!!!
Publicado 3 weeks, 1 day agoLaura, veremos si me llama. Y si me llama (que os avisaré) ya podéis estar todo el sábado cruzando los dedos. Pero bueno, aun no sé si me gusta! No lo conozco… Aish.
Publicado 3 weeks, 1 day ago