Ayer el mensaje de Rodri me dejó más tocada de lo que realmente me atrevo a admitir.

La verdad es que no esperaba recibir un mensaje suyo, y lo que es peor, no entiendo por qué ha tenido que enviármelo. No sé qué es lo que pretende, aparte de dejarme más tocada de lo que ya me tenía. Esto ha hecho que me pasara toda la tarde de ayer y toda la mañana de hoy (se ha caído la cita de la peluquería) comiéndome la cabeza para darle una explicación plausible. Lo primero que se me ocurrió es que me está tomando el pelo. En ese caso es que es un auténtico cabrón, porque después de dejarme por Alejandra encima quiere hacerme tener ilusión con él. Lo segundo que se me ocurrió gracias a mi disparatado ego era que quizá se arrepentía de haberme dejado. Lo tercero fue que me tiene mucho cariño y que se arrepiente de haber hecho las cosas mal, y que después de una amistad tan larga y bonita, es una pena acabar tan mal.

Con esto último es con lo que me quedé. Ahora es un hombre que ha sentado la cabeza y que va a casarse el año que viene con una chica guapísima y encima encantadora, con un sex-appeal que hasta yo tendría un affair con ella, así que la fantasía número dos se puede desechar. En cuanto a la fantasía número uno sería pensar que es un auténtico cabrón, y a parte de lo que me hizo no hay más evidencias de ello. Y para hacerme lo que me hizo no hace falta ser un cabrón, sino un niño que no tiene las cosas claras y que desgraciadamente se fue a enamorar de otra que es mucho mejor que yo. De modo que lo último es lo más lógico y racional, así que hace unos minutos he decidido mandarle un mensaje. Sí, un día tarde. Me he disculpado por la tardanza con una excusa un poco mala y le he dicho que yo también me alegré mucho de verle y que seguro que nos veremos. El día de la boda. Aunque esto último no se lo puse. Pero no estoy mintiendo.

Pero todo esto no es lo único que he pensado. Llevo dos años sin salir con nadie. Al principio era fácil. Todavía tenía el corazón roto así que no quería saber nada de hombres. Esta fobia me duró acerca de un año. Un año rechazando invitaciones de hombres que si ahora los tuviera aquí me tiraría a sus cuellos. Y he perdido esas oportunidades. No es que ahora esté mucho peor que hace dos años, pero de los 23 a los 25 he perdido cierta frescura propia de la edad que ya no voy a volver a recuperar, ni con uno de los liftings de mi madre. Me estoy haciendo mayor y, aunque no estoy mal, es más complicado.

Ya conozco a todos los amigos de mis amigos porque durante el primer año todo el mundo se empeñó en que conociera gente. Durante este año fui arisca, borde y estúpida con la gran mayoría de hombres que me presentaron, así que ya he quedado como una imbécil delante de los solteros que conocía. De esos, después de dos años, seguramente la mitad ya estén emparejados, así que solo me queda la otra mitad, que si después de tanto tiempo no está con pareja será porque son insoportables o tienen miedo al compromiso.

Echo de menos las escenas románticas que antes poblaban mi vida. No hay más paseos cogidos de la mano mirando la puesta de sol, o una cena romántica en la playa. Nada.

Y también está el sexo. A este paso voy a volver a ser virgen. Dos años ya sin acostarme con nadie, y mi cuerpo me está pidiendo a gritos un poco de fiesta. Pero soy una romántica empedernida y hasta ahora no he querido sexo sin nada más. Es más, siempre he pensado que para acostarse con alguien tiene que haber sentimientos de por medio, un poco de tiempo… Mariona siempre me dice que soy una histérica y que me líe con alguien que esté bueno y tenga un buen polvo, palabras textuales.

Y últimamente parece que mi cuerpo me pide que sea un poquito más textual.