UY, tantos días sin entrar en WordPress y me encuentro con esto cambiado. Espero que ahora no me lie más de lo que ya me liaba antes.

Bien, quería hablar de mi primera salida con un cliente. Qué gustazo y qué suerte que tuve.

La jefa ya me había advertido de que no era una mujer difícil, al contrario; una mujer muy simpática y abierta que se dejaba aconsejar totalmente y que solo diría que no si intentaba comprarle algo de color rojo. Claro, seguro que la jefa intentó con ella alguna mezcla estrafalaria de las suyas y la pobre mujer tuvo que salir corriendo.

Fui en taxi hasta su casa y de ahí nos movimos hasta las primeras tiendas. Ya habíamos tenido una entrevista previa en la que me dijo exactamente lo que quería: un vestido de fiesta para un evento que tienen ella y su marido en un par de meses. Hay que ver qué previsora es la gente.

Como el presupuesto era alto y ella es una señora con un tipazo que le habrá costado mucho dinero, la llevé de una tienda cara a otra tienda cara para que se probara todos los vestidos que, entre las dos, decidimos que le podrían sentar bien. Mientras tanto la mujer me iba contando un poco sobre su vida: que su marido era empresario, que ella ya no trabajaba aunque siempre lo había hecho en la empresa de su marido y que yo le recordaba mucho a su hija que trabaja en Estados Unidos y a la que, por cierto, echa muchísimo de menos. Esto último no me lo dijo pero son cosas que se notan. También se nota que está terriblemente orgullosa de ella.

Lo mejor fue cuando se acercaba la hora de comer. Estaba a medio decidir entre dos vestidos de Armani Collezioni, uno negro corto y por ende más juvenil, y otro de color gris piedra, que era mi caballo ganador. La pobre mujer tenía un lío en la cabeza y un agujero en el estómago, así que me dijo:

- Niña, llama a un taxi que nos vamos a comer.

Y así lo hice. Aunque yo tenía pensado ya el restaurante ya que tenemos una lista a los que llevar a los clientes según los gustos del cliente, la mujer me pidió que le dejara elegir a ella porque tenía capricho de Sushi y me quería enseñar este restaurante. Por Dios, qué restaurante. Caro para mí ya que supone mínimo unos 30-40€ por cabeza, pero una minucia para la empresa y calderilla para esta mujer, así que decidió pagar ella. Además, estaba encantada de comer conmigo y así me lo hizo saber unas diez veces por lo menos. Me recomendó que probara el Ebi Crunch, es decir, unos maki de langostinos cubiertos de tempura, aguacate y queso suave. Dios mío, lo pienso y me ruge el estómago de los riquísimos que estaban. Nos pusieron un vino que eligió la clienta y que, por cierto, pegaba de manera inmejorable con el Sushi y por fin el postre, un pastel de tres leches del que me encapriché. Estaba todo tan rico y las cantidades eran tan abundantes que sentía cómo mi cuerpo entero me estaba pidiendo que me fuera a hacer la siesta. En vez de eso, reuní voluntades y le dije a la señora que, cuando ella estuviera lista, nos volviéramos a la tienda y ahí elegiríamos.

De nuevo en Armani Colezzioni, saqué mi iPhone y le pedí a la clienta que se probara los dos vestidos. Con cada uno le hice fotos desde todos los ángulos posibles para que ella se pudiera ver y así elegir sobre seguro. Reconozco que me esmeré un poco más en hacer bien las fotos de mi caballo ganador, pero es que el vestido es tan ideal… Un top drapeado con unos tirantitos finísimos, con la falda lisa y una caída increíble, y por último, y lo que le pone el broche, una chaqueta de seda transparente haciendo juego con el vestido. Increíble, totalmente increíble. Y lo mejor es que al final me hizo caso y se lo quedó.

Las dos salimos de la tienda contentísimas. Hemos quedado este jueves para ir a la peluquería a que le prueben peinados y quizá cambiarle el look, ya que me comentó el otro día que se empezaba a ver muy mayor, y eso que no llega nia los 50 años. También iremos a comprarle los zapatos e ir de nuevo a Armani a que le cojan bien el bajo para tenerlo perfecto para la fiesta.

El día fue genial, pero reconozco que lo mejor fue cuando llegué a mi casa. Me sentía cansada porque habíamos andado bastante entre un sitio y otro ya que para distancias cortas la clienta no quería que fuéramos en taxi, pero sobretodo me sentía pletórica. Por fin veo que realmente no me he equivocado con este trabajo. Para empezar pude comprobar que se me da bien, aunque reconozco que la clienta no ha podido cooperar más de lo que lo hizo. Pero sobretodo he sabido que realmente tengo don de gentes, y que realmente la clienta se sentía muy pero que muy cómoda conmigo, que en este trabajo es muy importante.

En fin, estoy feliz, sí señor. Parece que esto por fin va viento en popa…