- Mariona, Claudia, os presento a Alejandra.

Ahí estaba yo, pálida como el papel, y Mariona con esa sonrisa que tan bien le conozco y que pone en contadas ocasiones. Esa sonrisa, significa, ni más ni menos: Lárgate rápido o te corto los huevos. Mariona es así.

Cuando levanté la vista supe que era ella. Ella era la chica con la que Rodri estaba hablando la noche que, después de soplar las velas, me dejó alegando que se había enamorado de otra mujer. Que no era culpa mía, ni suya (¿?) pero la vida y una de sus últimas salidas con sus amigos le habían llevado a los brazos de Alejandra, una mujer como la que yo nunca seré.

Alejandra es guapa, alta, delgadísima. De esa delgadez que vestida queda fenomenal pero desnuda debe de dar un poco de grima. Pero la muy perra no deja de ser perfecta. Con una voz bien modulada, nos dice:

- Chicas, he oído hablar mucho de vosotras. Me alegra conoceros.

Encima es amable y simpática. Lo que más me duele es que no es ninguna arpía sino que se la ve apurada por la situación porque evidentemente sabe quién soy, e intenta ser diplomática conmigo y con mi amiga. Perfecto. Solo pienso en que no quiero que se sienten con nosotros, sino que compren tabaco o algo así para no quedar mal y que se larguen.

- Chicas -nos dice Rodrigo-, me alegro mucho de veros. Claudia, dale muchos besos a la familia de mi parte, por favor.

- Por supuesto Rodri - dice Mariona. No sé qué haría sin ella, yo me había quedado tan blanca que era incapaz de mediar palabra. Aun así,asiento y le sonrío dulcemente, porque sé que mi sonrisa es uno de mis fuertes y siempre hay que sacarla, sea como sea. O eso dice mi madre.

Pero entonces viene lo peor. Ella levanta la mano izquierda y hace danzar sus finos y elegantes dedos dejándonos ver un destello… No ha sido un movimiento casual, ni mucho menos. Ella quería que lo viéramos. Lleva una alianza en la mano izquierda.

Los muy hijos de puta están comprometidos, y nadie, ni siquera mi familia que seguramente ya lo sabía, me ha dicho ni media palabra. 

Me estoy preparando para enfrentarme con mi madre. Esta noche hay cena en la casa familiar con todos, es decir, mis dos hermanos, las parejas de ambos y mis padres. Sé que voy a montar uno de esos numeritos que tanto avergüenzan a mi madre, pero es lo de menos. Aun no me puedo creer que hayan sido incapaces de decirme que Rodri, el hombre que ha marcado mi vida, hijo del socio y casi mejor amigo de mi padre, se va a casar… Y evidentemente no será conmigo.