Hoy me ha pasado una cosa horrorosa. Horrible. Desastrosa. De esas que te dejan con ganas de meterte en la cama y no volver a levantarte en unos diez años, más o menos.

Ha venido Mariona a buscarme a la tienda para enseñarme su nuevo coche y de paso tomar un café. Lo llamo tienda porque está a ras de suelo, aunque no tenemos ropa ni nada… Más bien es una oficina. Total, esto no es importante. A las cinco la tenía aparcada en la puerta, esperándome desde hacía unos minutos. No ha podido levantar la capota y fardar de coche porque hace un frío y un día de perros, así que me ha llevado hasta un bar donde solemos reunirnos a menudo mientras iba elogiando su maniobrabilidad y lo muchísimo que le iba a gustar esta sorpresa a Pierre. Si cuando yo digo que la quiere por dinero no es por nada.

Nos hemos sentado y hemos empezado a hablar de nuestras cosas, tan estúpidas como siempre, cuando de pronto Mariona me ha dicho:

- Claudia, no te gires… Rodri ha entrado en el bar.

No me lo podía creer. Rodri es mi ex pareja. Nuestros padres son socios y prácticamente hemos crecido juntos. Desde el principio se esperaba que ambos, por ser los dos de la misma edad, acabáramos casándonos. Era algo que esperaban tanto todos los demás que nosotros nos dejamos contagiar.

Nuestro juegos iban creciendo a medida que íbamos creciendo nosotros. A Rodri fue al primer chico que le cogí la mano, al primero que le di un beso… Y todo lo demás. Estaba profundamente enamorada, y con 20 años pensaba que era el hombre de mi vida. Hasta hace dos años.

Hace dos años estábamos celebrando mi cumpleaños. Mi madre se había empeñado en montarme una fiesta con toda la familia, amigos, compañeros del club e incluso los vecinos, que ni siquiera le caen bien. Pero como había contratado un salón increíblemente caro y un catering impresionante, quería fardar y demostrar quién era ella. Daba igual que fuera mi cumpleaños o cualquier otro, el tema es que le apetecía gastar dinero y cualquier excusa le viene bien.

Todo era increíble, y me lo estaba pasando fenomenal. Estaba hablando con mi tía abuela, la única tía de mi madre que me parece una persona normal, cuando vino mi entonces suegra preguntándome por su hijo. Como siempre he sido muy gentil y amable con ella le dije que esperara allí, que iría a buscar a Rodri y lo traería para que estuviera con todos nosotros.

Lo busqué por la sala, por el jardín… Hasta que al final me dio por buscar en el baño, y entonces escuché algo que no me hizo ninguna gracia:

- Claro mi amor (silencio) (risas) ¿Ah sí? ¿vas a hacerme eso? (silencio) Me muero de ganas

En ese momento se me escapó un hipido lloroso y se giró. masculló algo como -enseguida te llamo- y vino hacia mí, con su sonrisa perfecta que tanto dinero le había costado a su padre y los brazos con el gesto de abrazarme.

Automáticamente aceleré el paso para salir de allí y sin darme cuenta tropecé con mi madre que ya me estaba mirando con esa cara que solo ella puede poner y que quiere decir algo así como ” ya me estás abochornando otra vez”. Entonces llegó mi padre, me abrazó y me dijo que era hora de soplar las velas. Y ahí estaba yo, con todo el rímel corrido, con Rodri y su sonrisa perfecta al lado, tragándome las lágrimas mientras oía a medio salón cuchichear y al otro cantando el cumpleaños feliz…

Y todo eso me ha venido a la mente cuando he oído:

- Claudia, guapa… Cuánto tiempo, ¿no?