Soy una mentirosa. Esta semana santa quería descansar y aproveché que Mariona, mi mejor amiga, y Bruno, su novio “chulo-playas-solo-te-quiero-por-tu-dinero” francés se iban a la casa que ella tiene en Menorca para decirle a todo el mundo, padres incluidos, que me iba a pasar estos días con ellos. ¡JA! Todo el mundo se lo ha creído. Evidentemente no me conocen, porque si me conocieran lo más mínimo sabrían que yo no comparto el mismo techo con ese ser de piel cuerosa y sonrisa perfecta.

Me he pasado todos estos días encerrada en casa y desconectada del mundo. Mi única ventana ha sido la tele, que ha estado encendida todo el día emitiendo series, gracias al DVD, como Sex and the City o Dirty Sexy Money. Letitia, “la madre” de esta última serie, me recuerda a mi madre, pero sin infidelidades de por medio. Al menos no que yo sepa. Madre mía, solo faltaba eso… Que alguno de nosotros fuera hijo del mejor amigo de mi padre o de su abogado. Claro que entonces entendería muchas cosas, como que Mona (mi hermana) fuera como es.

Otro de mis hobbies de estos días ha sido comprarme todas las revistas de moda de este mes y, junto con las de los últimos dos meses, ir hojeando (sí, de hoja) y parándome solo en lo que me parece interesante. Además, desde hace unos años me acotumbré a mirar las revistas con un boli de algún color llamativo (como el rojo) para ir marcando las cosas que más me gustan, y al lado de los modelitos pongo a qué tipo de cuerpo (pera, peonza, etc) pueden quedar bien. Así voy cogiendo ideas.

Desde luego, he ido cogiendo fuerzas para estos días… Ayer la firma cerró, y ahora estoy en mi mesa del despacho/oficina/como se llame esto esperando a que pase algo interesante: es decir, que venga un cliente. Crucemos los dedos para que la relajación de estos últimos días haya servido de algo y así podamos tomar el toro por los cuernos…. O mejor dicho, a la jefa por las solapas de esa camisa. Me gustaría saber qué pretende vender vistiéndose así.