Estoy nerviosa. A partir de la semana que viene empiezo a trabajar como Personal Shopper. Mi trabajo será aconsejar a los clientes sobre qué es lo que mejor les sienta, cómo deben ponérselo y cuándo. Y sobretodo convencer a mucha gente de que tener mucho dinero no significa obligatoriamente tener buen gusto.
Quizá no sería muy inteligente empezar algo así ahora que tengo los nervios a flor de piel, pero la idea no ha sido mía. La idea nació en realidad de mi terapeuta. Dice que siempre dejo las cosas a medias, y que tengo que conseguir empezar y acabar algo, casi como si fuera un reto. Así que me he convencido a mi misma para tener este blog, que empieza justo ahora, cuando estoy a las puertas de mi primer trabajo… Debo mantenerlo, cuidarlo y mimarlo y no dejarlo abandonado como tantas otras cosas. Si estuviera aquí mi madre y leyera esto por encima de mi hombro me diría:
” Sí, como la guitarra, que está acumulando polvo en la sala de música. O el caballo que acabó heredando tu hermana. O las clases de cocina…”
Pegar ahí donde más duele: ese es el verdadero don de mi madre. Pero creo que si me demuestro a mí misma que puedo llevar a cabo algo, aunque sea un blog, la próxima vez que me hable de las clases de cocina me reiré en vez de tener el ardiente deseo de tirarle una sopa hirviendo sobre su último lifting.

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