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Aprovecho este momento de paz y relajación sin la jefa cerca para investigar un poquito más en esto de Internet. Acabo de descubrir, casi por casualidad, una nueva página que ha creado Yahoo con contenidos dirigidos a mujeres. Desde luego, el mercado femenino es tan amplio, tan interesante y aporta tanto, tantísimo dinero!

He visto que cada cual puede ser integrante de esta comunidad y tener un blog, así que he decidido llevar el de Shine y el de WordPress a la vez. Al fin y al cabo encuentro que es un movimiento interesante, y me apetece “ser pionera” en algo así.

A ver qué tal va el tema.

Por cierto, lo mejor de quedarme sola al mediodía en la tienda es que puedo comer aquí lo que me dé la gana, mientras luego airee. He llamado a un japonés que lleva comida a domicilio y me he pedido cantidades industriales de Sushi porque sino no llegaba al precio mínimo. Ya tengo cena para esta noche.

Actualizado: me he estado mirando lo de Shine, y en el periódico prometía más de lo que en realidad es, al menos para mí. Así que nada, lo he dejado de lado, al menos por el momento. Quizá más adelante lo mire y si me interesa ya sé lo que tengo que hacer…

El viernes fue día de cena familiar. Después de escribir el último post me tomé mi tiempo para arreglarme, porque sino ya sé qué pasa cuando mi madre me abre la puerta y no voy vestida como a ella le gustaría: enarca una ceja, me mira fijamente y dice algo así como “vaya, no sabía que mi hija era una pordiosera”. Las palabras cambian, evidentemente, pero el significado es siempre el mismo. Hacía un frío de mil demonios, o al menos yo tenía el frío metido en el cuerpo, así que aunque “pija”, me abrigué bastante. Llamé a un taxi, porque no tengo ni coche ni carnet, y a las nueve en punto estaba en casa de mis padres.Desde que nací no se han mudado nunca pero la casa no tiene nada que ver con lo que era cuando era pequeña. Mi madre es una adicta a las obras, a la decoración y sobretodo a gastar mucho, muchísimo dinero. Viven en la zona alta de la ciudad rodeados de casas iguales que la suya por fuera pero a cada cual más hortera por dentro. Como siempre digo, el dinero no es garantía de tener gusto.Mi madre ya me vio la cara nada más entrar y me saludó con un simpático “vaya cara que traes, se nota que no te apetece venir a ver a tu madre”. Le sonreí y pasé dentro porque me parecía oír a mi sobrina, la niña de mis ojos, que ya tiene cinco añitos y está para rechupetearla. Saludé a toda mi familia y hasta la hora de la cena estuve jugando con ella.Como me esperaba iban a estar mi hermano y mi cuñada “estupenda”, que es insoportable; mi hermana y su nuevo novio, que va cambiando cada poco tiempo y que aun así se empeña a traerlos a casa a la primera de cambio; y por último mi madre y mi padre, que me dio un gran abrazo nada más verme. Papá siempre ha sido especialmente cariñoso conmigo, supongo que para hacer un poco de balanza con mi madre, que podría apodarse la dama de hielo.La cena transcurrió sin sobresaltos, aunque de vez en cuando Johan, mi hermano, me iba preguntando si estaba bien porque me veía muy callada. Le decía que sí porque prefería dejar el enfrentamiento para los postres. Así la indigestión de mi madre sería peor.Cuando estábamos por el café solté la pregunta que tenía en la boca del estómago desde que había traspasado la puerta de casa:- Mamá, ¿cuándo pensabas decirme que Rodri se había prometido con su novia?Todos se quedaron blancos, blancos como el papel. Los observé uno por uno y, menos el novio de mi hermana que ya no recuerdo cómo se llama, por sus caras me di cuenta de que todos estaban enterados menos yo. Por un momento me pareció ver una sonrisa fugaz cruzar el rostro de mi cuñada. Será zorra. Mi padre se empezó a levantar para venir a mí con una cara que era una mezcla entre pena y arrepentimiento. Estaba claro, todos lo sabían, y para protegerme habían preferido no decirme nada. Total, ya me enteraría cuando invitaran a toda la familia a la boda, ¿no? Manda huevos.Sin decirles nada y antes de que mi padre pudiera llegar hasta mí, me levanté, cogí mis cosas del perchero de la puerta y me fui con el móvil en la mano para llamar a un taxi que me llevara a casa. 

- Mariona, Claudia, os presento a Alejandra.

Ahí estaba yo, pálida como el papel, y Mariona con esa sonrisa que tan bien le conozco y que pone en contadas ocasiones. Esa sonrisa, significa, ni más ni menos: Lárgate rápido o te corto los huevos. Mariona es así.

Cuando levanté la vista supe que era ella. Ella era la chica con la que Rodri estaba hablando la noche que, después de soplar las velas, me dejó alegando que se había enamorado de otra mujer. Que no era culpa mía, ni suya (¿?) pero la vida y una de sus últimas salidas con sus amigos le habían llevado a los brazos de Alejandra, una mujer como la que yo nunca seré.

Alejandra es guapa, alta, delgadísima. De esa delgadez que vestida queda fenomenal pero desnuda debe de dar un poco de grima. Pero la muy perra no deja de ser perfecta. Con una voz bien modulada, nos dice:

- Chicas, he oído hablar mucho de vosotras. Me alegra conoceros.

Encima es amable y simpática. Lo que más me duele es que no es ninguna arpía sino que se la ve apurada por la situación porque evidentemente sabe quién soy, e intenta ser diplomática conmigo y con mi amiga. Perfecto. Solo pienso en que no quiero que se sienten con nosotros, sino que compren tabaco o algo así para no quedar mal y que se larguen.

- Chicas -nos dice Rodrigo-, me alegro mucho de veros. Claudia, dale muchos besos a la familia de mi parte, por favor.

- Por supuesto Rodri - dice Mariona. No sé qué haría sin ella, yo me había quedado tan blanca que era incapaz de mediar palabra. Aun así,asiento y le sonrío dulcemente, porque sé que mi sonrisa es uno de mis fuertes y siempre hay que sacarla, sea como sea. O eso dice mi madre.

Pero entonces viene lo peor. Ella levanta la mano izquierda y hace danzar sus finos y elegantes dedos dejándonos ver un destello… No ha sido un movimiento casual, ni mucho menos. Ella quería que lo viéramos. Lleva una alianza en la mano izquierda.

Los muy hijos de puta están comprometidos, y nadie, ni siquera mi familia que seguramente ya lo sabía, me ha dicho ni media palabra. 

Me estoy preparando para enfrentarme con mi madre. Esta noche hay cena en la casa familiar con todos, es decir, mis dos hermanos, las parejas de ambos y mis padres. Sé que voy a montar uno de esos numeritos que tanto avergüenzan a mi madre, pero es lo de menos. Aun no me puedo creer que hayan sido incapaces de decirme que Rodri, el hombre que ha marcado mi vida, hijo del socio y casi mejor amigo de mi padre, se va a casar… Y evidentemente no será conmigo.

Hoy me ha pasado una cosa horrorosa. Horrible. Desastrosa. De esas que te dejan con ganas de meterte en la cama y no volver a levantarte en unos diez años, más o menos.

Ha venido Mariona a buscarme a la tienda para enseñarme su nuevo coche y de paso tomar un café. Lo llamo tienda porque está a ras de suelo, aunque no tenemos ropa ni nada… Más bien es una oficina. Total, esto no es importante. A las cinco la tenía aparcada en la puerta, esperándome desde hacía unos minutos. No ha podido levantar la capota y fardar de coche porque hace un frío y un día de perros, así que me ha llevado hasta un bar donde solemos reunirnos a menudo mientras iba elogiando su maniobrabilidad y lo muchísimo que le iba a gustar esta sorpresa a Pierre. Si cuando yo digo que la quiere por dinero no es por nada.

Nos hemos sentado y hemos empezado a hablar de nuestras cosas, tan estúpidas como siempre, cuando de pronto Mariona me ha dicho:

- Claudia, no te gires… Rodri ha entrado en el bar.

No me lo podía creer. Rodri es mi ex pareja. Nuestros padres son socios y prácticamente hemos crecido juntos. Desde el principio se esperaba que ambos, por ser los dos de la misma edad, acabáramos casándonos. Era algo que esperaban tanto todos los demás que nosotros nos dejamos contagiar.

Nuestro juegos iban creciendo a medida que íbamos creciendo nosotros. A Rodri fue al primer chico que le cogí la mano, al primero que le di un beso… Y todo lo demás. Estaba profundamente enamorada, y con 20 años pensaba que era el hombre de mi vida. Hasta hace dos años.

Hace dos años estábamos celebrando mi cumpleaños. Mi madre se había empeñado en montarme una fiesta con toda la familia, amigos, compañeros del club e incluso los vecinos, que ni siquiera le caen bien. Pero como había contratado un salón increíblemente caro y un catering impresionante, quería fardar y demostrar quién era ella. Daba igual que fuera mi cumpleaños o cualquier otro, el tema es que le apetecía gastar dinero y cualquier excusa le viene bien.

Todo era increíble, y me lo estaba pasando fenomenal. Estaba hablando con mi tía abuela, la única tía de mi madre que me parece una persona normal, cuando vino mi entonces suegra preguntándome por su hijo. Como siempre he sido muy gentil y amable con ella le dije que esperara allí, que iría a buscar a Rodri y lo traería para que estuviera con todos nosotros.

Lo busqué por la sala, por el jardín… Hasta que al final me dio por buscar en el baño, y entonces escuché algo que no me hizo ninguna gracia:

- Claro mi amor (silencio) (risas) ¿Ah sí? ¿vas a hacerme eso? (silencio) Me muero de ganas

En ese momento se me escapó un hipido lloroso y se giró. masculló algo como -enseguida te llamo- y vino hacia mí, con su sonrisa perfecta que tanto dinero le había costado a su padre y los brazos con el gesto de abrazarme.

Automáticamente aceleré el paso para salir de allí y sin darme cuenta tropecé con mi madre que ya me estaba mirando con esa cara que solo ella puede poner y que quiere decir algo así como ” ya me estás abochornando otra vez”. Entonces llegó mi padre, me abrazó y me dijo que era hora de soplar las velas. Y ahí estaba yo, con todo el rímel corrido, con Rodri y su sonrisa perfecta al lado, tragándome las lágrimas mientras oía a medio salón cuchichear y al otro cantando el cumpleaños feliz…

Y todo eso me ha venido a la mente cuando he oído:

- Claudia, guapa… Cuánto tiempo, ¿no? 

Soy una mentirosa. Esta semana santa quería descansar y aproveché que Mariona, mi mejor amiga, y Bruno, su novio “chulo-playas-solo-te-quiero-por-tu-dinero” francés se iban a la casa que ella tiene en Menorca para decirle a todo el mundo, padres incluidos, que me iba a pasar estos días con ellos. ¡JA! Todo el mundo se lo ha creído. Evidentemente no me conocen, porque si me conocieran lo más mínimo sabrían que yo no comparto el mismo techo con ese ser de piel cuerosa y sonrisa perfecta.

Me he pasado todos estos días encerrada en casa y desconectada del mundo. Mi única ventana ha sido la tele, que ha estado encendida todo el día emitiendo series, gracias al DVD, como Sex and the City o Dirty Sexy Money. Letitia, “la madre” de esta última serie, me recuerda a mi madre, pero sin infidelidades de por medio. Al menos no que yo sepa. Madre mía, solo faltaba eso… Que alguno de nosotros fuera hijo del mejor amigo de mi padre o de su abogado. Claro que entonces entendería muchas cosas, como que Mona (mi hermana) fuera como es.

Otro de mis hobbies de estos días ha sido comprarme todas las revistas de moda de este mes y, junto con las de los últimos dos meses, ir hojeando (sí, de hoja) y parándome solo en lo que me parece interesante. Además, desde hace unos años me acotumbré a mirar las revistas con un boli de algún color llamativo (como el rojo) para ir marcando las cosas que más me gustan, y al lado de los modelitos pongo a qué tipo de cuerpo (pera, peonza, etc) pueden quedar bien. Así voy cogiendo ideas.

Desde luego, he ido cogiendo fuerzas para estos días… Ayer la firma cerró, y ahora estoy en mi mesa del despacho/oficina/como se llame esto esperando a que pase algo interesante: es decir, que venga un cliente. Crucemos los dedos para que la relajación de estos últimos días haya servido de algo y así podamos tomar el toro por los cuernos…. O mejor dicho, a la jefa por las solapas de esa camisa. Me gustaría saber qué pretende vender vistiéndose así.

Madre mía. Aun no estoy demasiado segura de dónde me he metido. ¡Mi jefa está loca! No lo puedo creer, es una estrambótica de mucho cuidado. El día que me hicieron la entrevista no me la hizo ella sino su ayudante, una chica muy maja y muy simpática, que me habló maravillas del trabajo y de su jefa… Pero creo que estaba exagerando.

La jefa mide poco más de 1′60, es delgada, delgadísima de hecho, de unos 45-50 años, con el pelo amarillo pollo y unas gafas rojas que llaman tanto la atención como un grano en medio de la nariz. ¡Y yo que iba preocupada por cómo iría vestida y me la encuentro toda de colorines, con sus gafas de pasta ancha como bandera!

No sé qué pretende hacer esta mujer con esas pintas en un estudio como este. Ayer pude comprobar que tienen una extensa cartera de clientes, pero esa cartera la consiguió la chica que estaba en mi puesto antes que yo. No me extraña. No dejaría mi estilismo a la Jefa por nada del mundo. Primero porque al parecer tiene la extraña idea de que el rojo y el naranja combinan bien, y por eso se pone unos pantalones naranja butano con un jersey a juego con sus gafas. De verdad que las gafas no serían feas, pero en una cara tan pequeña y redonda con ese pelo tan rubio quedan como una patada en la boca del estómago. Y los zapatos… Menos mal que al menos eran negros. Y lo voy a dejar ahí, porque tampoco quiero hacer leña del árbol caído.

Nada más llegar me saludó la ayudanta de la Jefa, la chica simpática. Ella sí que tiene un estilo muy acertado, muy casual. Da una buena imagen, sobretodo porque tiene el pelo perfecto que envidio totalmente. Largo y liso, con un brillo perfecto, las puntas totalmente sanas y el flequillo recto a la moda. Estaba sentada en mi esplénida, moderna y preciosa mesa mirándole la cabellera y soñando con hacerme una peluca con ella. Pero luego te sonríe tan dulcemente con esos dientes perfectos fruto de la ortodoncia y ya se te quitan todas las ganas homocidas. Al menos a mí.

Tanto hoy como ayer hemos hecho más bien poco porque en este ciudad todo el mundo anda de vacaciones. Mi trabajo va a ser llevar la cartera de la antigua chica e intentar captar clientes nuevos (¿?). Esto último… tengo una ligera idea de cómo hacerlo, pero ya digo… una ligera, ligerísima idea.

Gracias por los comentarios de apoyo que he recibido, la verdad es que creo que lo necesito, ya sea por la estúpida de mi madre como por el trabajo, puesto que la jefa apunta maneras. Perdón que no salieran (los comentarios) en el momento, al parecer tengo que hacer algo con la moderación…

Mañana es mi primer día de trabajo y estoy un pelín histérica, lo reconozco.  Me he pasado toda la tarde delante del armario decidiendo qué me voy a poner. Y eso que voy a trabajar diciéndole a la gente qué debe ponerse.

Me da miedo ir demasiado bien vestida, o sea, demasiado formal para el primer día y que se hagan una idea equivocada de mí. O peor, podría pasarme al contrario. Bueno, siendo sinceros, al contrario es prácticamente imposible.

Menos mal que lo único que me queda es la ropa que me tengo que poner. Todo lo demás está listo: Peluquería, manicura, maquillaje… Tengo que cambiar de peluquería porque simplemente me hicieron un baño de color y un tratamiento regenerador y me cobraron 100€. Lo iban a poner en la cuenta de mi madre, pero ahora que empiezo a trabajar lo último que tendría que hacer sería pedir dinero, ¿no? Así que me gasté lo último que me quedaba en la tarjeta para eso y tuve que poner a cuenta de mi madre otros productos que necesitaba, como laca de uñas y una nueva sombra de ojos, elegante pero impactante, de un color bisón precioso de Bobby Brown. Me encanta esta marca de maquillaje, tienen cosas ideales.

Eso sí, el tema de la manicura… No es mi fuerte. Encima estaba yo ya toda puesta y se me ha ocurrido hacerme los pies, y la verdad es que no sé mucho para qué, si voy a ir con zapato cerrado. Pero como soy previsora he pensado que algún día es posible que vaya con un Peep Toe, así que mis pies tienen que estar perfectos. Pero claro, estarían perfectos si me los hiciera una pedicura.

Por eso digo que estoy hecha para que me sirvan. No he dado ni una. De verdad que he intentado seguir todos los pasos que siguen en el salón de belleza pero, entre otras cosas, creo que me he pasado demasiado tiempo con los pies metidos dentro del agua. Total, ahora parecen los pies de una vieja con parkinson, porque la laca de uñas está en todas partes menos en las uñas.

Las manos están un pelín mejor. Me he hecho la manicura francesa, que es un clásico. Lástima que mi pulso haga que las líneas blancas sean montañas rusas. En fin, a quién quiero engañar… Voy a coger el quitaesmalte que con este picasso en las manos no voy a llegar a ninguna parte.

Estoy nerviosa. A partir de la semana que viene empiezo a trabajar como Personal Shopper. Mi trabajo será aconsejar a los clientes sobre qué es lo que mejor les sienta, cómo deben ponérselo y cuándo. Y sobretodo convencer a mucha gente de que tener mucho dinero no significa obligatoriamente tener buen gusto.

Quizá no sería muy inteligente empezar algo así ahora que tengo los nervios a flor de piel, pero la idea no ha sido mía. La idea nació en realidad de mi terapeuta. Dice que siempre dejo las cosas a medias, y que tengo que conseguir empezar y acabar algo, casi como si fuera un reto. Así que me he convencido a mi misma para tener este blog, que empieza justo ahora, cuando estoy a las puertas de mi primer trabajo… Debo mantenerlo, cuidarlo y mimarlo y no dejarlo abandonado como tantas otras cosas. Si estuviera aquí mi madre y leyera esto por encima de mi hombro me diría:

” Sí, como la guitarra, que está acumulando polvo en la sala de música. O el caballo que acabó heredando tu hermana. O las clases de cocina…”

Pegar ahí donde más duele: ese es el verdadero don de mi madre. Pero creo que si me demuestro a mí misma que puedo llevar a cabo algo, aunque sea un blog, la próxima vez que me hable de las clases de cocina me reiré en vez de tener el ardiente deseo de tirarle una sopa hirviendo sobre su último lifting.

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