De vuelta
Son las siete y viente. Acabo de llegar a casa. Tengo que ducharme, vestirme e irme a trabajar dentro de una hora. Pero antes, os cuento mi noche.
Finalmente, como os dije, fui a buscar sushi y me fui para su casa, aunque mucho más tarde de lo esperado porque soy una lenta y me entretuve demasiado. Cuando me abrió la puerta lo vi realmente nervioso por tenerme en su casa. La verdad es que tiene un piso muy ordenado (él ya me dijo que era extremadamente maníatico con el orden), con la lámpara que le aconsejé comprar en un sitio perfecto. Tiene bastante gusto. Como mi piso, el suyo es pequeño y está decorado con Ikea, y nuestro estilo es bastante similar. Vamos, un punto más.
Me enseñó todo el piso y enseguida me puse manos a la obra. Me fui a la cocina-comedor, preparé la mesa, hice los crêppres con los que alucinó notablemente (de hecho, dijo: ¿También sabes hacer crêppes? ¡Eres perfecta!), saqué la nutella y lo dejé todo preparado para sentarnos a cenar. Después me saqué el delantal (iba monísima, y no pensaba mancharme), le dije que se sentara y que dejara que yo le sirviera, como si estuviéramos en un restaurante. La verdad es que fue divertido.
La cena estuvo perfecta, le encantó el Sushi que le traje y me hizo darle la dirección del restaurante de donde lo había sacado. Al principio se creyó que lo había hecho yo, y le mantuve la broma un par de minutos. Pero oye, para estas cosas soy fatal y enseguida se me vio el plumero. Y tiene una risa tan bonita…
Cuando acabamos de cenar, recogimos todo entre los dos aunque él no quería que le ayudara, pero me han educado bien. Nos sentamos en el sofá y nos pusimos a hablar del Internado, que ambos estábamos deseosos por ver. El capítulo estuvo bien, y me dio alguna que otra excusa para tirarme encima de él. La verdad es que más descarado no pudo ser. Primero en el sofá, manteniendo una distancia prudencial mientras nos tomábamos una copa de vino. A medida que la copa se iba apurando nos íbamos acercando, primero inconscientemente, y luego más, pero esta vez del todo consciente. Tan consciente que, en una de esas que fui al baño, al volver me senté tan cerca que no pasaba ni una hoja entre nosotros.
Al acabar el capítulo volvimos a ponernos a charlar sobre él, con más vino. Ahora que lo pienso, con razón me duele la cabeza ahora. Creo que nos cascamos una botella y media entre los dos. Pero fue bueno, porque me sacó los nervios que tenía en el estómago. Eso sí, hubo un momento crítico en el que pensé que tendría que llamar un taxi e irme a casa porque no pasaría nada de nada. Y justo en ese momento, mientras me reía por fuera pero me cagaba en todo por dentro, me besó. Tan bonito, tan suave pero tan pasional a la vez…
Y bueno. Me demostró tres veces que no es gay.
El toro por los cuernos
He decidido agarrar al toro por los cuernos. Entre los que me habéis animado (gracias!) y Johan y Mariona, que les conté ayer cuando llegué a casa por teléfono todo lo que había pasado, he llegado a la conclusión de que tengo que ser yo la que dé el primer paso porque él es demasiado caballero como para forzar la situación. Así que la he forzado yo.
Anoche llamé a Pablo y le dije que, como daban el Internado (ha resultado que ambos somos auténticos fans de la serie), he pensado que el restaurante sería su casa. Que solo tenía que tener una mesa y dos sillas y yo me encargaba de lo demás. Anoche ya preparé el mantel, los cubiertos (o palillos japoneses, mejor dicho) e incluso velas. Esta tarde prepararé masa para hacer Crêppes -que me confesó el otro día que le encantan- y me pasaré por el restaurante japonés al que me llevó mi clienta para recoger la comida que ya encargué anoche para hoy. Además, ayer me depilé -por si acaso-, me puse mis mascarillas, etc. Vamos, que otra vez pienso ir guapísima.
A ver si esta vez me da solo un beso en la mejilla.
A esto se le llama tener un buen par de cojones, ¿eh?
A cámara lenta
El sábado, mientras yo me cambiaba e informaba de mi cita a través de un pequeño mensaje, él buscó con su palm algún restaurante cercano a mi casa que tuviera buenas críticas. Mi piso no está en el centro, pero sí lo suficientemente cerca como para encontrar bastante variedad. Eligió uno de cocina creativa que nada más entrar se me pusieron los pelos de punta, porque ya me tocaba pagar a mí y no estaba segura de que, con el día de fiesta, hubiera llegado ya la mensualidad.
La cena estuvo muy bien. Él pidió un risoto y de segunda una carne crudísima con Foie, y yo me pedí un único plato de pollo con un wok de verduras. Se rió cuando vio lo light que iba a cenar y me pegó un pequeño sermoncillo sobre la necesidad de comer y lo poco que había comido durante todo el día, y por no decirle que de los nervios había tenido el estómago más cerrado que un puño, le dije:
- Bueno, qué te piensas, ¿que este cuerpo está así a base de chocolate?
A lo que me puse roja, rojísima y con ganas de haberme metido la lengua por donde no me cabe. Menos mal que él se echó a reír y finalmente contestó:
- Tienes razón, está muy claro que te cuidas. Pero deberías comer un poco más.
Y ya empezamos a hablar de comida, porque descubrimos que ambos hemos nacido para disfrutar en la mesa, y fuera de ella.
A medida que nos acercábamos a los postres la conversación iba poniéndose más seria y acabamos hablando de nuestras ex parejas. Él dejó en Andalucía a su novia de los últimos tres años, Irene. Era una relación que él considera infantil, sobretodo por parte de ella. A él le hubiera encantado poder dar un paso más allá, pero en contra de todos los tópicos, quien tenía mieda al compromiso era ella y no él (Claudia 1 - Irene 0). Yo le conté sobre Rodri y lo que había pasado… Y nos echamos a reír. Desde luego, visto a través de sus ojos lo que pasó en aquella fiesta toma unos tintes humorísticos que nunca me hubiera podido imaginar.
Una vez acabada y pagada la cena (otra vez por él) le dije que entonces le debía otra cena (otra excusa para quedar) y que elegiría yo el restaurante, a lo que dijo que estaría encantado. Me acompañó andando a casa y cuando llegamos al portal, me dio un abrazo de oso, un beso en la mejilla (¿?) y me dio las gracias por el día más estupendo que había tenido desde hacía mucho tiempo. Luego la vergüenza: me quedé en la puerta, mirándole, como esperando que hiciera algo más -o sea, que se acercara, me tomara de la cara y me plantara un estupendo beso- mientras él me miraba con una ceja medio levantada. Y entonces dijo:
- Bueno, creo que es hora de que me vaya a casa… Espero que podamos repetir esto pronto.
- Claro -le dije, mientras ponía cara de: bésame joder, bésame-, cuando tú quieras.
- Perfecto entonces. Buenas noches Claudia.
- Buenas noches Pablo.
Y ya está. Así acabó. Me fui a la cama acompañada de un helado de chocolate (JA! Este cuerpo sí que se mantiene a base de chocolate… De vez en cuando, claro) para enfriar el calentón que tenía encima y a dormir, que al día siguiente tenía comida familiar.
Anoche, mientras me llevaba la cena delante de la tele para ver CSI, recibí una llamada:
- ¿Te apetece devolverme la cena este miércoles?
La Cita
Al final Pablo me llamó el viernes por la tarde, casi a las ocho. Se disculpó por llamarme tan tarde. No llamó antes porque había tenido muchísimo trabajo, y no puedo hacerlo hasta que no salió de la oficina.
Para mi sorpresa me ofreció ir a cenar esa misma noche, pero como estaba en mi casa con las mascarillas del pelo y de la cara puesta, en pijama y mirando mi armario para ver qué me pondría (porque aunque no me había llamado, yo no perdía la esperanza y me estaba preparando por si acaso), le dije que estaba muy cansada y que si no le importa prefería quedar al día siguiente pronto.
Quedamos a las diez y media para ir a desayunar. Me levanté a las nueve menos cuarto para prepararme, porque soy muy presumida y al menos una hora la necesito. Después, con los nervios a flor de piel, cogí el autobús y me planté en el centro, donde habíamos quedado.
Él estaba guapísimo, con unos tejanos anchos -pero no de rapero-, unas converse y una camisa blanca de manga corta de algodón. Del hombro le colgaba una cámara profesional, que más tarde me explicó que formaba parte de su gran pasión: la fotografía.
Primero fuimos a desayunar. Lo llevé a una típica panadería que hay por el centro donde él se puso hasta arriba. Yo me tomé un café con leche y un paquete de tabaco. Ahí, mientras él comía, le explicaba cual iba a ser la ruta: El centro, la catedral, mi barrio favorito, el puerto… Eso así, de paseo por la mañana. Comeríamos por ahí y por la tarde ya lo decidiríamos si él seguía con ganas de descubrir la ciudad.
El paseo fue muy agradable. Como siempre la ciudad estaba llena de guiris y eso hacía que, aunque las calles no son demasiado estrechas, andáramos bastante cerca el uno del otro, pero sin cogernos, por supuesto. Eso sería demasiado. Eso sí, me hizo bastantes fotos. En un principio se dedicaba solo a fotos de los edificios, pero en un momento que me quedé observando la fuente que hay dentro del patio de la catedral, le sorprendí haciéndome una a mí. Farfulló algo de la luz sobre el pelo, etc. Bueno, yo estaba encantada, por supuesto.
Pronto llegó la hora de comer y nos compramos unas pitas para seguir paseando. El sol apretada pero era tan agradable que seguimos andando y andando… Y hablando, sin parar. Pablo tiene 26 años y trabaja en una agencia de publicidad. Se vino aquí a vivir porque en su ciudad no hay salida de lo suyo, y aunque le encanta Madrid y tiene buenos amigos ahí, quería vivir eso de probar en una ciudad nueva. Dice que cree que tiene un poco de espíritu aventurero y por eso quería algo un poco más difícil. Me habló de su familia: tiene una hermana menor que le adora y a la que echa mucho de menos, y dos padres adorables, que pronto subirán a ver “en qué cuchitril” -según ellos- está viviendo su hijo. También hablamos de viajes. Le comenté que este año había decidido irme unos días sola a Cerdeña, que ya tenía los billetes y todo. Me dijo que creía que yo era muy valiente por querer ir sola, pero entonces ese aura de valentía se diluyó cuando le conté que ahí tenía familia, y no puedo evitar echarse a reír. Tiene una sonrisa preciosa, unos dientes súper bien puestos y blancos. Y una risa contagiosa y elegante. Es tan importante una buena risa…
No nos dimos cuenta y entre charla y charla se iba haciendo cada vez más tarde. Me miró y me dijo:
- Claudia, no sé si ya habrás quedado ya, pero ¿Te gustaría ir a cenar?
En ese momento se me pasaron por la mente todos los libros de mujeres que he leído en los que dicen que no debes estar tan sumamente dispuesta, que siempre debes decir primero que no, o mirar tu agenda…
- Por supuesto que sí.
No sé si notó mi ansia de seguir hablando con él, pero una sonrisa le cruzó la cara. Me ofreció a acompañarme a mi casa para que me cambiara porque llevaba un rato con la piel de gallina. Y entonces dejé ese mensaje…
Johan
Llevo una hora metida en la cama con un dolor de cabeza producido por el sol de hoy que tiene tela. Mañana tengo que ir a trabajar y es la primera vez que no me apetece de verdad. Vamos, la primera vez que tengo de verdad tentaciones de coger el móvil, llamar a mi jefa y poner voz de muerta.
Esta mañana me he despertado y al ver el día tan estupendo que hacía he llamado a mi hermano para ver si estaban en la casa de la playa. No, pero sí que iba a ir con la niña a tomar un ratito el sol, así que me he apuntado. Ha sido la excusa perfecta para poder pasarme tres horas haciendo castillos de arena.
Para ciertas cosas soy como una niña. Sobretodo cuando me junto con mi sobrina. Digamos que me pongo a su nivel intelectual, y a veces ella consigue ganarme. Ha tenido que ser mi hermano el que, en su papel de padre perfecto, viniera a nosotras cada cierto tiempo para recordarnos que teníamos que ponernos crema. Mientras tanto hemos construido un castillo con su foso, sus torres y sus almenas, y lo hemos decorado con conchas. A mis 25 años, decorando un castillo de arena con conchas… La gente de mi alrededor creo que se ha pensado que debía ser bordeline, por lo menos. Estaba más ilusionada que Cris cuando lo hemos acabado.
Para otras cosas también soy muy infantil. Hace ya un año que vivo sola pero todavía me doy caprichos como cenar chucherías delante de una peli, o una buena bolsa de palomitas. Menos mal que mi madre no me ve, porque me echaría unas broncas de aquí te espero. Hoy en cambio he tenido que tomar sopa, porque aunque mi hermano me ha recordado que me pusiera crema, no ha sido lo suficientemente protector y me he vuelto a quemar, pero lo que es peor… Me noto como si tuviera una insolación.
Este tipo de cosas hace que me dé cuenta de que tengo ganas de que me cuiden. Desde pequeña he sido una niña bastante independiente, que se ha cuidado sola, puesto que mi padre me adora pero siempre ha tenido mucho trabajo y mi madre siempre ha tenido muchos liftings. O liposucciones. O lo que fuera que se quisiera arreglar. Eso sí, la persona que siempre ha estado más pendiente de mí ha sido Johan, mi hermano. Además de Mariona, es la persona en la que más confío y con la que más cómoda me siento. Le he contado todo lo que ha pasado en mi vida, incluso el día que perdí la virginidad. Muriéndome de vergüenza, por supuesto, pero también me moría de vergüenza cuando se lo conté a mis amigas. Sobretodo porque fui la última en caer.
Johan siempre ha estado a mi lado en los mejores y los peores momentos, y yo en los suyos. Por eso me molestó tanto, tantísimo, que no me dijera que Rodri se iba a casar cuando se enteró. Hoy hemos estado hablando de eso, y la verdad es que después de pedirme perdón mil veces, me ha dicho que estaba esperando a que me lo contara mamá, porque ella se lo había pedido. En fin… ¿Cómo puedo estar enfadado con él?
En fin, me voy a dormir, a ver si se me va este maldito dolor de cabeza y mañana me levanto de un color un poco más normal.
¿Qué me pongo para ir a una boda?
Veo que mucha gente llega a mi blog buscando en Google este tipo de cosas, así que he pensado que cada cierto tiempo haré una entrada explicando, en mi opinión, cómo se tiene que vestir en eventos especiales. Voy a empezar por las bodas, que ahora es época.
Para mí, todo depende de cuándo es la boda (mañana o tarde) y la edad. Para ello pondremos dos ejemplos claros: Las madres de los novios (se espera que sean mayores de 50 años) y las hermanas de los novios (mujeres jóvenes). Así cada una puede concentrarse en el sector de edad que más le convenga.
BODA DE DÍA
Cada vez son menos los novios que eligen las bodas de día, pero para mí son las más bonitas. En este tipo de bodas se permiten los tocados (sombreritos, etc) en la cabeza, los vestidos de cocktail y sobretodo los cortos, es decir: por la rodilla, justo por debajo o justo por encima.
Madres de los novios: Para las mujeres mayores de 50 años considero que lo que mejor puede quedar es un vestido, ya sea de tirantes o con mangas (a gusto de quien lo lleve), por encima de las rodillas o justo por debajo. Este vestido se puede combinar a la perfección con una chaqueta, si la podemos encontrar que sea de un solo conjunto, mejor. Además, las madres es mejor que no vayan de negro entero: el negro es muy elegante, pero mejor para una boda de noche y además, para las madres de los novios, yo lo prefiero combinado con blanco o bien en detalles, como un bolso, etc. Recordemos que ya no es necesario que los zapatos y el bolso hagan juego. De hecho, si se confecciona el vestido en una modista, se puede pedir que le hagan un bolso de algún tono que tenga el vestido. En cuanto a la gama de colores, eso ya es algo que se elige dependiendo del tono de piel, cabello, etc. De eso hablaré en otro post.
Hermanas de los novios: En este grupo, sobretodo tratándose de mujeres jóvenes, me encanta el color. Es decir, nada de tonos pasteles. Hay que aprovechar que empieza el verano para lucir un bronceado bonito (de autobronceador, por supuesto) y enseñar piel con un vestido con un estampado floral favorecedor. De nuevo, hay que pensar en algo que quede bien a nuestra piel. Excepto el negro (lo vuelvo a dejar para la noche) todo vale, mientras sea un vestido de cocktail o corto. Queda fenomenal un vestido asimétrico por abajo, de telas como la gasa o la seda. Según el tipo de tela hay que elegir entre llevar una torerita o un chal para cubrir los hombros en la iglesia (si es una boda eclesiástica) o allá donde haga frío. Sobretodo hay que ver que combinen las telas, puesto que no puedes poner un vestido de seda con una chaqueta de algodón. Nada de recargarse con miles de collares, pulseras y anillos. Y si las joyas pueden ser buenas o de bisutería buena, mejor. En este tipo de eventos, es mejor no llevar nada a llevar algo que se vea de plástico o de latón. Para los zapatos y el bolso, estamos en las mismas: no hace falta que se conjunto. Ideal llevar un zapato largo e incómodo, puesto que este tipo de bodas no suelen durar mucho, am enos que los amigos de los novios sean muy fiesteros. En la comodidad de los zapatos dejo la elección en vuestras manos.
BODA DE NOCHE
Las bodas de noche son las más románticas. Y las que el baile dura hasta las tantas de la madrugada, se quiera o no. Así que, sobretodo, hay que ir cómodas, con un maquillaje y un pelo que aguante de todo, porque suelen ser las más largas y tenemos riesgo de que el maquillaje se nos mueva y queda fatal. Un truco: una vez maquilladas, cerráis bien los ojos y os echáis una capa de laca por encima de la cara. Sin pasarse, ¿eh? Hace que el maquillaje se quede ahí y no se mueva ni se corra.
Madres de los novios: Apuesto por vestidos largos, hasta los pies, y que dejen solo paso a unos bonitos zapatos. Encima apuesto de nuevo por una chaqueta, corta, que llegue a la altura de las caderas como muchísimo, o bien por debajo del pecho. Eso sí, sobretodo vigilando que por el tipo de cuerpo quede bien. Si es para una mujer con formas redondas, es mejor apostar por una chaqueta un poco más larga pero quizá que acentúe un poco más la cintura. En cuanto a los colores, están permitidos los tonos pastel y de hecho cualquier color, excepto el negro entero. De nuevo, el negro es elegante, pero hay que transmitir alegría y el negro entero… En fin, la madre del novio debe llevar un poquito de color. En cuanto a los zapatos y los bolsos, ya no se lleva que combinen entre sí, sino que combinen con el vestido.
Hermanas de los novios: Queda desterrado nada que se parezca a los trajes de chaqueta. También está absolutamente desterrado cualquier vestido que se pueda poner una princesa de Disney, es decir: nada de faldas abombadas por la cintura y que hagan esa caida tan de princesa. En una boda de noche hay que aprovechar y estar guapa, elegante y sexy. Porque sí, se puede estar sexy siendo elegante. El vestido de nuevo ha de ser largo, aunque en algunas excepciones se admite un vestido por debajo de las rodillas, aunque si cumplimos con el protocolo al 100% es mejor que no. Los colores pueden ser de lo más variados, excepto los tonos pastel. Los zapatos altos, pero sobretodo, cómodos. Vais a bailar hasta las mil, y aunque parece una norma acabar con los pies destrozados, es mejor que no. El maquillaje puede ser un poco más duro que en las bodas de día, pero siempre teniendo en cuenta que es una boda larga y que se os puede correr durante la noche: si lleváis un maquillaje con los ojos pintados de oscuro, etc., llevaos algo para corregirlo dentro del bolso. Los bolsos pueden ser bolsos joya, que quedan preciosos con algún vestido de fiesta. Por la noche me gustan más los vestidos lisos, es decir, sin estampados.
TIPS PARA UNA BODA, TANTO DE DÍA COMO DE NOCHE
· Bolsos: han de ser pequeños, para meter cuatro cosas. Los bolsos cartera son la mejor opción este año para las bodas de día; para las bodas de noche, me inclino por los bolsos joya.
· Zapatos: de medio o alto tacón, peor sobretodo cómodos. Sandalias o Peptoes, es indiferente, mientras combinen con el vestido. No es necesario que combinen con el bolso.
· Maquillaje: por la mañana es mejor maquillarse de manera más natural, e incluso por la noche también, ya que éste se puede correr y si tienes todos los ojos pintados de negro y se te corre durante el baile puedes acabar pareciendo Fétido Adams.
· Joyas: Pocas y buenas. Si es bisutería mejor que sea de marca: es más cara, pero da el pego. Si llevas un collar que llama la atención, los pendientes han de ser pequeños. Si llevas pendientes grandes, el collar pequeño, y quizá alguna pulsera grande. Pero nunca sin pasarte, y como mucho una joya en cada sitio: nada de dos collares, etc. Lo único que se permite es llevar muchas pulseras delgadas, sobretodo teniendo en cuenta que ha de quedar elegante y no ostentoso. Mejor no llevar joyas que llevar algo cutre o poco elegante.
· Medias: Es un coñazo, pero siempre se tienen que llevar medias, ya sea boda de día o boda de noche. Y mejor llevar un par en el mini bolso, por si se rompen, que da muy mal efecto llevar una carrera.
· Escotes: para las mujeres más mayores, prefiero mangas o algo que tape la parte superior de brazos y hombros. Para las más jóvenes, el abanico es más grande, aunque recomiendo los escotes corazón sobretodo para la noche. Lo demás, mientras esté bien combinado, es indiferente.
Bueno, creo que esto es todo. Sobretodo tened en cuenta que los consejos que doy, a parte de vistos en revistas y moda, están influenciados por mis gustos, así que es una guía para ayudar a elegir un vestido y no una lista de mandamientos (menos en lo de las joyas, eso sí que son mandamientos! ;)). Si alguien tiene una boda y quiere consultarme qué llevar, no dudéis en preguntarme lo que queráis que a través del blog os contesto a tod@s. Y si tenéis fotos de lo que vais a llevar, mejor que mejor.
Actualizado: Bodas en la playa
He visto que algunos han llegado al blog buscando información de cómo ir a una boda de playa. Lo primero, hay que preguntar a los novios si la boda va a ser informal o no, si va a ser de día o de noche…
Aun así, sea o no informal, yo optaría por lo siguiente:
Un vestido por debajo de las rodillas (si es de día) vaporoso, de seda, gasa, etc, de colores vivos, para complementar con una chaqueta de la misma tela si es posible o bien con un foulard, todo dependiendo de la edad. Para las mujeres más jóvenes, sin duda, recomiendo el foulard.
Si es de noche seguiría las mismas normas pero con el vestido largo.
Lo ideal es combinar bien los accesorios. No deben ser muy recargados si son en la playa, puesto que se supone que tiene que dar una imagen más fresca. Mejor una bisutería buena que no demasiadas joyas. Los zapatos, cómodos, sobretodo si hay que andar por la arena… Aunque también puede llegar un momento en que se puedan quitar, todo dependiendo de lo que digan los novios…
No dudéis en consultarme si tenéis alguna duda o pregunta!
Ikea
Esta tarde la jefa ha sido magnánima y nos ha dejado salir pronto, así que en un ataque de consumismo he pensado en acercarme a Ikea para comprar un par de cajas donde guardar el excedente de ropa invernal. Me he comprado tanta ropa este invierno que no me cabe en las cajas que ya tenía.
Me he cogido un par de autobuses y he ido a mi tienda favorita. Realmente me encanta. La pega es que está a las afueras de la ciudad, y sin coche es un poco coñazo. eso sí, tenía pensado cogerme un taxi de vuelta, aunque me costara una pasta, puesto que mi idea era comprar un par de cajas grandes.
He empezado a recorrer, lentamente, la tienda. Aun me maravillo cómo es posible que hagan cosas tan chulas tan baratas. Una vez leí que se debe a que a los diseñadores les dan un precio final y les dicen: con esto (30€), tenéis que hacer una silla. Y se estrujan y se exprimen la cabeza para cumplir con eso. Increíble, de verdad que es admirable.
He visto salones, cocinas, habitaciones… Muebles que los conozco a la perfección porque algunos están en mi casa y también porque cada cierto (corto) tiempo me doy una vuelta por la tienda. Cuando ya por fin he acabado porque ya me lo sabía todo, he ido a la parte de autoservicio a buscar las cajas, parándome, por supuesto, en el menaje de cocina.
He examinado las cajas y he elegido unas bastante grandes, quería coger dos. Y entonces me he empezado a pelear. Las cajas estaban totalmente enganchadas las unas de las otras y había tantas que no podía levantarlo a peso para coger la última, que era la que estaba más suelta. Por el rabillo del ojo he visto que venía gente y me ha entrado una vergüenza atroz cuando he oído:
- Déjame que te ayude.
Me he girado y he visto a un chico alto, rubio, de ojos azules y piel blanca. La verdad es que parecía extranjero, pero su acento era más bien del sur de España. Le he sonreído y le he dejado paso para que me ayudara: la verdad es que lo necesitaba porque me estaba dejando las manos en el intento. En un par de movimientos me ha sacado una caja, y le he dicho:
- Sé que tengo mucha cara, pero necesito dos.
- Tranquila, no hay problema.
Ha hecho otro movimiento, como un golpe seco, y la última caja se ha desprendido sobre la que ya me había sacado. Entonces ya he empezado a flipar y no he parado hasta ahora.
- Muchísimas gracias. Si puedo hacer algo por ti… - Fórmula básica de educación que me enseñaron mis padres. Si alguien te hace un favor, aunque no te apetezca, tienes que ofrecerte a devolvérselo, aunque sepas que te van a decir que no hace falta.
- Pues no sé si sería mucha cara pero estoy dudando entre dos lámparas y no sé cual comprarme.
No sé si se ha notado, pero al recibir una respuesta que no era un “no” me he quedado tan alucinada que por un momento me he quedado en blanco. Hasta que he visto su cara de: “creo que la he cagado”. Le he contestado que por supuesto, que sería un placer y le he seguido hasta las dos lámparas. Me ha estado explicando que era nuevo, que venía de Andalucía y que lleva aquí poco más de tres semanas. Ahora está decorando como puede su casa, y necesitaba una lámpara para un rincón, para hacer un pelín de ambiente. Le he recomendado que se llevara una que a mí personalmente me encanta, que son cuatro cuadrados de papel de color tostado que cuelgan uno debajo de otro.
Una vez elegido nos hemos dirigido juntos a la cola para pagar. En ese momento seguíamos hablando, en parte por curiosidad de conocerle y en parte porque cuando estoy con un desconocido o nerviosa no puedo dejar de hablar y preguntarle cosas. Le he preguntado si conocía a alguien por aquí, y al decirme que no, que solo a sus compañeros de trabajo, ha vuelto a aflorar la misma educación que antes mencionaba y he dicho, con voz risueña, alegre y feliz:
- Bueno, pues si necesitas cualquier cosa…
Y me ha dicho:
- Pues si quieres podríamos ir a dar un paseo el sábado y me enseñas un poco más tu ciudad.
Y en vez de decir:
- bueno, no te conozco, podrías ser un auténtico maníaco homicida con aspecto de corderito.
He dicho:
- Vale.
Y le he dado mi teléfono (que él ha guardado y me ha hecho un llama para que yo tuviera el suyo). Después le he dicho que mi coche estaba fuera (¿?) y aunque se ha empeñado en acompañarme para llevarme las cajas, le he convencido para que no lo haga porque tenía mi coche ahí al lado. Ni siquiera sé si se puede aparcar en la calle del Ikea.
Ahora que ya estoy en casa sigo sin creérmelo. Nunca me había pasado nada así en toda mi vida. Tengo mariposillas en el estómago…
Una personalidad maravillosa
Mariona se pasó toda la semana intentando convencerme para ir ella y yo a probar una discoteca nueva de las que nos ha lllegado por diferentes lados que es un antro que está muy bien, y que gusta a todo tipo de gente. Me costó, sobretodo después de pasarme desde las doce hasta las cinco echada al sol, solo parando para ir al baño y comer algo. Algo (zanahorias) que ayudó al sol a quemarme, puesto que aunque me puse protección, me quedé dormida, así que tenía parte del pecho y estómago y parte de la espalda rojita cual alemán en Mallorca.
Aun así, como ya le dije a Mariona que me iba con ella, me embadurné de crema de cabeza a los pies después de un baño reparador, me escogí lo más fashionable que tenía en el armario y me vestí.
Primero fuimos a cenar y a tomar un bar de copas al bar de cocktails al que últimamente vamos tanto que solo vernos aparecer por la puerta ya nos están sirviendo nuestros appletinis. En ese rato nos lo pasamos genial, conocimos a un grupo de chicas majísimas, nos vimos con un par de amigas con las que habíamos quedado ahí e hicimos tiempo hasta que fue una hora adecuada para irnos a la discoteca.
Mariona siempre entra gratis en todas partes. Supongo que se debe a que , a parte de estar muy buena, tiene una personalidad arrolladora, y no tiene nada de vergüenza. Va directa a los porteros, les planta dos besos y, sin soltarme de la mano, se mete dentro mientras le manda recuerdos a sus novias. Así nos ahorramos una pasta. Dentro se camela a algún que otro camarero y bebemos gratis la mayor parte de la noche. Siempre dice que yo podría hacer lo mismo, al menos con el aspecto físico… Pero mira, es que me parece de un jeta impresionante y se me cae la cara de vergüenza. Supongo que eso es fruto de tener una personalidad maravillosa.
Tener una personalidad maravillosa es lo peor que te puede pasar. Eso y tener un pelo bonito. O ser maja. Lo peor que te puede pasar en una conversación entre hombres es esto:
- Bueno Juan, ¿qué tal Claudia?
- Majísima, muy maja, sí señor - contesta Juan.
- ¿Qué tal es?
- Pues mira, tiene una personalidad maravillosa.
- Pero ¿está buena o qué?
- Bueno… Tiene un pelo precioso.
Por suerte, aunque no me puedo quejar de mi pelo, no estoy dentro de esa categoría de chicas. Aun así, no me puedo quitar el lastre de tener una personalidad maravillosa. Siempre estoy atenta a todo el mundo, cuidándoles, haciendo que nunca falle ningún detalle, haciendo favores a todo quisqui y mordiéndome la lengua cuando alguien no me los hace a mí. No solo eso sino que soy la hermanita perfecta. En el colegio siempre me pasaba que la más zorrilla se llevaba al chico que me gustaba mientras que éste me contaba a mí sus penas y hasta dónde le metía la lengua. A mí siempre me ha faltado ese puntito de maldad, de ironía o de malicia, como quiera que se pueda llamar.
Lo peor es tener que darle la razón a mi madre, que siempre me decía que, de buena, tonta. Por eso, el sábado, cuando estábamos en la discoteca Mar y yo, vi a un chico muy guapo que estaba mirando hacia nosotras. Pensé: humm, con ese no me importaría. Mariona también se dio cuenta, y le lanzó una de esas sonrisas que solo ella sabe poner que significa: Me lo trago todo. Hasta ese momento, el chico nos estaba mirando a las dos. Hasta ese momento.
Al cabo de cinco minutos me metí en un taxi y me fui para casa. Mariona ya estaba lo bastante bien acompañada.
Nueva clienta
Tal como decía el otro día, ayer vino la madre de Héctor a la tienda para hacer una entrevista e informarse un poco más sobre nuestros servicios. Resulta que hace poco ha hecho una dieta súper agresiva y además una lipo, con lo que ha perdido cerca de 40 kg, lo que quiere decir que tiene que renovar su vestuario entero. ¿Eso qué significa? Significa, sobretodo, dinero.
Dinero gastado en una decena de tiendas bien escogidas de toda la ciudad e incluso, si se pone caprichosa, podemos hacer algún viaje a la capital para buscar las tiendas más selectas. Es algo que está pensándose seriamente, así que es bastante probable que una mañana cojamos el Ave y nos plantemos en la tienda de Manolo Blahnik, para volver de nuevo en Ave por la tarde cargadas de bolsas. Espero que salga adelante porque realmente es algo que me hace una ilusión tremenda. ¡Nunca he cogido un Ave!
Tambíen he comprendido de dónde le ha salido a Héctor ser tan charlatán. Su madre es exactamente igual, es muy difícil meter baza en la conversación. Te pregunta algo y, cuando estás intentando contestarle, enseguida te corta y te pregunta otra cosa. Vamos, de esas personas que mientras tú les contestas están pensando en lo segundo que preguntarte, pero sin hacer un esfuerzo por escuchar. Aun así la verdad es que la señora me ha caído estupendamente, es muy maja y muy campechana.
Hemos quedado por fin para la semana que viene para hacer el primer rastreo. Tenemos ya unas cuantas tiendas en mente que hemos apalabrado visitar, pero aun así este fin de semana voy a darme una vueltecita por las zonas caras, a ver si han abierto algo de lo que yo no me haya enterado o bien que en alguna tienda multimarca hayan traído algo nuevo.
Por otro lado, el asunto con la peluquería es posible que marche adelante. Los peluqueros tienen contactos, y ellos saben cuando alguien tiene una boda, una comunión o un evento importante… Así que ellos me mandarían a mí clientes y yo se los mandaría a ellos. Evidentemente en el cliente está la última palabra.
Cómo me gusta mi trabajo.